El 13 de agosto comenzó en La Plata el juicio por los crímenes cometidos en el Centro Clandestino de Detención de la Brigada de Investigaciones de San Justo. El debate incluye imputaciones a 19 represores por 84 casos, 31 de los cuales corresponde a personas detenidas-desaparecidas. LAS AUDIENCIAS SON LOS MIÉRCOLES DESDE LAS 10 AM EN LOS TRIBUNALES FEDERALES DE LA PLATA, CALLE 8 Y 50. (Se extenderá hasta 2019).

martes, 14 de mayo de 2019

24 DE ABRIL: VIGESIMA QUINTA AUDIENCIA

IDENTIDAD ROBADA
Con el relato de una mujer que presenció el secuestro de su prima en diciembre de 1977, el testimonio de la hija de un desaparecido en septiembre de ese año cuya identidad fue robada por uno de los represores que lo secuestró y el aporte de una simpatizante del PC de Lanús que estuvo 6 días en la Brigada a fines del ’77, continuó el debate por uno de los CCD más grandes del conurbano oeste en dictadura.

Por HIJOS La Plata



La primera testimonial de esta audiencia correspondió a LILIANA ESPÓSITO, prima de Ana María Espósito, quien ya declaró en el debate sobre su secuestro y el de su esposo Aníbal Ces, ocurridos el 9 de diciembre de 1977 en Lanús. Ana María y Aníbal eran simpatizantes de la federación Juvenil Comunista del PC. Liliana contó que en esa fecha estaba yendo a la casa de su tía, madre de Ana María, ubicada en Lanús y donde su prima trabajaba haciendo camisas. Pero al llegar ve que hay dos hombres armados apostados en la vivienda. Como no podía ingresar y no quería exponerse dejó pasar el tiempo mientras registraba los detalles de lo que sucedía. Al rato vio que sacaban a su prima y se la llevan en una camioneta. Entonces decidió entrar a la casa, donde habían quedado sus tíos y el pequeño hijo de su prima de 1 año y dos meses. La testigo dijo que con posterioridad supo que los represores habían llevado a su prima a la casa del esposo de ésta, Aníbal Ces, para esperarlo y que allí ambos fueron llevados a un Centro Clandestino de Detención en La Matanza. Destacó también que su padre y su tío realizaron varias gestiones para averiguar dónde estaban sus familiares, con los debidos Habeas Corpus y hasta una reunión en el municipio de Lanús con varios compañeros de su prima. Por esa vía se enteraron que otros compañeros de su prima habían sido secuestrados en esos días, entre los que recordó a Ana Ehgartner y su marido Jorge Farsa, y Haideé Mabel Rodríguez. 
En el debate ya aportaron su testimonio Ana María, su esposo Ces, y los compañeros de militancia en el PC de Lanús: Ehgartner, Farsa, Eduardo Nieves y Sigfried Watzlawik, todos secuestrados y llevados a la Brigada de San Justo. Ana María dijo que de la casa de sus padres la llevaron  secuestrada en una camioneta marrón a su domicilio, distante a 3 cuadras, donde fue golpeada y víctima de violencia sexual. Tras una hora llegó Aníbal, al que entraron de los pelos pidiéndole que de nombres. Como no obtuvieron nada los llevaron a ambos tabicados en la caja de una camioneta, donde ya estaba secuestradas otras personas a las que Ces reconoció como Haideé Rodríguez y José Sánchez, apodado “Negro Black”. Espósito, Ces y Rodríguez fueron liberados el 28 o 29 de diciembre del ’77, cuando los volvieron a sacar en una camioneta.  Entre los represores que actuaban en la Brigada Ana Espósito recordó a “Panza” “Eléctrico”, “Tiburón”, “Víbora” y “El Coronel”. Finalmente agregó que fue a la señalización de la Brigada de San Justo, ingresó al lugar y reconoció el calabozo donde estuvo cautiva. En la octava audiencia de este debate Ces afirmó que los represores “Víbora”, apodo de Rubén Boan, y “Tiburón”, apodo de José Antonio Raffo, comandaron el operativo en su casa. Además recordó los apodos de otros represores como “El Jefe” que era un segundo de Raffo, “El Panza” que se hacía el bonachón y “Eléctrico”, que los hacía lavar la celda. El testigo realizó en la audiencia el reconocimiento fotográfico de 2 de los represores imputados en el debate: Boan y Héctor Carrera. Por su parte en la séptima audiencia de este juicio Nieves recordó como activos en la Brigada a los represores “Víbora” (Boan), “Capitán Luz” y “El Panza”, que estuvo presente en el operativo de su secuestro, y uno al que llamaban “El Veterinario”, de voz gruesa, que le aplicó una inyección con antibiótico y cree que es el médico policial Jorge Vidal, imputado en el juicio.


El siguiente testimonio fue el de ANDREA GUERECHIT, hija del militante de la JP y Montoneros Orlando Luis Guerechit, secuestrado el 13 de septiembre de 1977 y desaparecido desde la Brigada de San Justo.
Andrea comenzó relatando que su familia estaba compuesta por su padre, vendedor ambulante de embutidos, su madre Rosa Agüero y su hermano de 2 años, homónimo de su padre. Recordó a su padre como una persona amorosa, divertida y jovial. Vivían en Bella Vista, partido de San Miguel, a una cuadra y media de la sede de Campo de Mayo, en una casilla muy humilde que constaba de una pieza y una cocina. Hacía poco se habían mudado allí y antes vivían en Barrio UTA de San Martín.
La noche del secuestro la madre y los niños estaban durmiendo y su padre en la cocina charlando con un amigo, el militante de la UES Osvaldo Raúl Corrales, apodado “Café”, que estaba realizando el servicio militar obligatorio en Campo de Mayo. Cerca de la 1 de la mañana se escuchó como una explosión: era el grupo operativo había arrancado la puerta de la casilla. Así ingresó una patota de hombres armados y de civil que apuntaron a todos y los redujeron.  Según Andrea, que al momento tenía 6 años, sabían que había dos niños porque ella se escondió debajo de la cama y los represores preguntaron “¿Dónde está la nena?”. Cuando la sacaron de su escondite vio que eran 6 hombres de los cuales 2 eran conocidos porque frecuentaban la casa y supuestamente eran amigos y compañeros de su padre. Uno era apodado “Petiso” y el otro “Colorado”. Los represores se encargaron de dar vuelta toda la casa, y mientras preguntaban por armas de fuego les rompieron todas las pertenencias, hasta las fotos familiares. “Esta foto que tengo de mi papá la recuperé de una foto que alguien publicó de un casamiento al que mis padres estaban invitados. No me quedó ninguna foto familiar porque lo rompieron todo”, dijo Andrea ante el tribunal mientras mostró una imagen de Orlando.
En un momento se llevaron a su madre encapuchada, a su padre atado con cadenas y a “Café” Corrales sin tabicar. Antes de irse el hombre apodado “Petiso” les dijo a los niños “tranquilitos que mamá y papá ya van a volver”. Andrea y su hermano quedaron solos, pero a los pocos minutos llegó al lugar un tío político que los vistió y los llevó a la casa de sus tías maternas en Loma Hermosa, partido de Tres de Febrero. Luego Andrea pudo reconstruir que antes de secuestrar a sus padres y a Corrales la patota había ido a la casa de sus tías en Loma Hermosa, donde apuntaron a toda la familia y obligaron a su tío a llevarlos hasta la casa de la familia de Orlando en Bella Vista.
La testigo afirmó que su madre fue liberada el mismo día del secuestro y que por relato de su madre supo que en el traslado la llevaron con Orlando y con Corrales en un auto en un viaje bastante corto hasta un lugar donde bajaron a su padre y a “Café”, y que Guerechit antes de ser llevado pudo despedirse de su esposa y le dijo que cuidara a los chicos. Rosa Agüero también escuchó que en lugar donde bajaron a su esposo cerraron un portón muy pesado y ladraban unos perros, hasta que salió una mujer que refiriéndose a ella dijo “esta no es”. Luego la liberaron.
Andrea contó también que hasta hace muy poco tiempo no supo nada del destino de su padre, hasta que por otra hija de desaparecido, Claudia Congett, pudo rastrear el archivo de militantes peronistas desaparecidos que confecciona el historiador Roberto Baschetti y acceder al testimonio de José Moreno, ex detenido de Brigada de San Justo que compartió cautiverio con su padre y con “Café” Corrales. A través del testimonio de ese sobreviviente se sabe que Orlando Guerechit estuvo en la Brigada de San Justo por lo menos hasta que José Moreno fue trasladado desde ese lugar al “Pozo de Banfield”, es decir hasta fines de septiembre de 1977.
Sobre la familia Corrales la testigo dijo que vivían a media cuadra de la casa de su tía, tenían un almacén y la madre de dos hermanos era Elsa Olivera. Además de Osvaldo “Café” Corrales, secuestrado con su padre, Andrea conoció al hermano Ernesto Lorenzo Corrales, apodado “Topo”. Dijo que al momento de los hechos tenía una bebé y estaba conviviendo con una chica. Ernesto “Topo” Corrales fue secuestrado una semana antes que su hermano de su casa de Loma Hermosa, partido de Tres de Febrero, y estuvo en la Brigada de San Justo por lo menos en el mes de septiembre del ’77. Al igual que su hermano “Café” continúa desaparecido.
Sobre su situación como hija de desaparecido Andrea contó que ella y su hermano pasaron de tener una familia a estar desposeídos de todo. Sufrieron el desarraigo de la familia paterna, que decidió alejarse de ellos. Vivieron en la pobreza y su madre tuvo que salir a limpiar casas de familia. Ella y su hermano salieron a trabajar desde muy jóvenes: “Nos robaron la infancia y la inocencia”, sentenció.


Como si la situación de la desaparición forzada de su padre no fuera suficiente, Andrea contó que hace unos 20 años fueron con su madre a realizar unos trámites al IPS en paralelo a buscar la causa de su padre. Entonces supieron que la persona apodada “Petiso”, que había participado del operativo en su casa, había usurpado la identidad de su padre para cometer ilícitos: había sacado una cuenta corriente en el Citybank y realizaba estafas con cheques sin fondo. Según Andrea esa persona “realizó una traición tras otra a la familia”. Agregó que estos dos personajes visitaban a su padre por lo menos desde 2 o 3 años antes del secuestro, cuando la familia vivía en Barrio UTA de San Martín. La testigo describió al “Petiso” como una persona baja de unos 35 años y al “Colorado” como rubio y buen mozo. Al momento de mirar el álbum de represores de San Justo reconoció al “Petiso como Jorge Beiruti y al “Colorado” como Roberto Suárez. Además señaló a 2 agentes de la Brigada imputados en este debate, Héctor Horacio Carrera y Raúl Carballo, como participantes del operativo en que secuestraron a su padre.
Para finalizar Andrea pidió justicia verdadera por su padre y los 30 mil desaparecidos y exigió “que los que hicieron esto paguen por las atrocidades que cometieron”. Dijo que hoy conoce la Brigada de San Justo, y que había pasado muchas veces por allí y “nunca imaginé que fuera un lugar terrible de tormentos y atrocidades”. Al igual que otros familiares y sobrevivientes dejó sentado su reclamo de la desafectación de la Brigada para instalar allí un sitio de Memoria.


El último testimonio de la jornada fue el de NORMA BEATRIZ MARTÍNEZ, esposa de Eduardo Nieves, secuestrados el 29 de diciembre del ’77 del domicilio de Jorge Farsa y Ana Ehgartner en Lanús.
La sobreviviente relató que aquella noche estaban en la casa las dos mujeres y Nieves con sus hijos preparando la cena y esperando a Farsa, cuando cayó un operativo de hombres armados que los puso contra la pared y revisaron toda la casa. Entonces se quedaron esperando a que llegara Farsa, lo que ocurrió uno hora después. Al llegar el esposo de Ehgartner los llevan a todos vendados hacia 2 coches y dejan a los hijos de ambas parejas con unos vecinos. Tras un viaje bastante largo llegan a un lugar donde los suben a un primer piso y los sientan en unas sillas. Luego los depositan en una celda a ella con  su marido, Ehgartner y otro muchacho cuyo nombre no recuerda, mientras Farsa fue puesto en otra celda aparte. Allí estuvieron 4 días con los brazos encadenados a la pared y a merced de la patota. La testigo dijo que primero sufrieron tortura psicológica, cuando los ubicaron boca arriba en el piso mientras los amenazaban y caminaban alrededor con borceguíes. En esa circunstancia Ana Ehgartner fue quemada en el cuerpo con cigarrillos. El último día los llevaron a una sala donde los desnudaron y a ella la ubicaron en un colchón húmedo donde le aplicaron picana eléctrica mientras la tapaban con una almohada en la boca. Allí le preguntaron por su militancia en el partido y por el nombre de una persona que ella desconocía. El procedimiento se repitió 3 veces. Luego la devolvieron a la celda.
Martínez aclaró que si bien ella y su marido estaban afiliados al PC, ella sólo acompañaba y no tenía un gran desarrollo militante. Por la reconstrucción que hizo posteriormente, supo que cuando Aníbal Ces, a quien conocían por la militancia en el partido, había sido liberado de la Brigada de San Justo fue a la casa de Farsa y atrás de él llegó el operativo en donde las dos parejas fueron secuestradas.
Sobre el momento de la liberación la testigo dijo que se produjo tras 6 días en el lugar de cautiverio: primero la soltaron a ella junto a Ehgartner y el muchacho que estaba desde el inicio en la misma celda, que según testimonio de Ehgartner y del propio Jorge Garra se trata de Oscar, hermano de Jorge. Los llevaron a una sala, les dieron de comer, ya que hacía 4 días que no ingerían alimentos, y los llevaron en auto hasta Valentín Alsina. Farsa y Nieves estuvieron unos días más desaparecidos, hasta ser liberados el 10 de enero de 1978. Martínez dijo que entre los trastornos que sufrió producto de su secuestro y torturas durante 2 años escuchaba sirenas en su cabeza. Agregó que se enteró donde estuvo detenida por las averiguaciones que realizaron su esposo y Farsa, ya que habló con su esposo en aquellos años pero nunca más volvió a tocar el tema.
Cabe recordar que en el debate ya testimoniaron Nieves, Ehgartner y Farsa. Nieves mencionó que los represores de San justo actuaban con los apodos de “Lagarto”, “Eléctrico” y “Conejo”, todos guardias de las celdas,  “Víbora” (Boan), “Capitán Luz” y “El Panza”, que estuvo presente en el operativo de su secuestro, y “El Veterinario”, de voz gruesa, que le aplicó una inyección con antibiótico y que cree que es Jorge Vidal. Ehgartner afirmó que por averiguaciones realizadas con su marido pudieron dar con un legajo de la DIPPBA donde figuran las fechas de secuestro y liberación de ambos, y un seguimiento a Farsa de 1 año y medio antes que los secuestraran. Además reconoció del álbum de fotos de represores de San Justo que le fue exhibido a 2 represores imputados en este juicio, Héctor Carrera y Raúl Carballo, como integrantes del operativo que fue a su casa. Farsa detalló la lista de otros militantes comunistas que sufrieron la cacería desplegada desde la Brigada de San Justo: Aníbal Ces y su esposa, José Sánchez, llamado “Negro Black” y el primer detenido del grupo, Sigfried Watzlawik, Jorge Garra, secretario de la Juventud Comunista de Avellaneda Lanús, la esposa y el hermano de Garra, y su propio hermano Roberto Farsa, que fue secuestrado antes que él y sufrió un cautiverio de 25 días. Farsa recordó que entre los represores que actuaban en la Brigada estaban los apodados “Víbora”, “Eléctrico” y “Colores”.
La próxima audiencia será el miércoles 8 de mayo desde las 11 hs. Para presenciarla sólo se necesita concurrir a los Tribunales Federales de 8 y 50 con DNI.

10 DE ABRIL: VIGESIMO CUARTA AUDIENCIA

PONER LA VOZ
Con los testimonios de dos sobrevivientes y la hermana de un estudiante desaparecido continuó el debate por la Brigada de San Justo. Nora Liberman, que estuvo 40 días desaparecida en la Brigada con su esposo Luis Tarquini; Cirila Benítez, referente de la militancia barrial  en el Complejo Habitacional 17 de Ciudad Evita y sobreviviente de 5 CCD de zona oeste; y Elda Rodríguez, hermana del militante de la UES Enrique “Pluma” Rodríguez desaparecido desde la Brigada San Justo, le pusieron voz al horror vivido en la última dictadura. Además la querella de Justicia Ya LA Plata denunció la situación de la domiciliaria del genocida Leopoldo Luis Baume y volvió a solicitar su revocatoria.
Por HIJOS La Plata




La audiencia se inició con el relato de NORA LIBERMAN, quien testimonió por videoconferencia desde Tenerife, España. Nora es sobreviviente de San Justo, al igual que su esposo LUIS TARQUINI. Ambos son caso en la acusación contra 15 represores en este debate. La sobreviviente contó que con su marido trabajaban en una librería que tenían en calle Agüero de Morón. El 5 de abril de 1978 Luis se había quedado en el local con su hija mayor, mientras Nora llevaba a su hijo menor a casa de una señora que se lo cuidaba desde hacía poco tiempo. Cuando regresó al local encontró la puerta cerrada, alguien le abrió y la hizo pasar y encontró 6 o 7 personas de civil con armas largas que tenían maniatado a Tarquini y habían separado a su hija. Nora agarró a su hija paro fue apartada y  maniatada. Nora recuerda que el que dirigía el operativo era un represor joven de cabello rubio y tez blanca. Entonces la pareja fue sacada por separado en el piso de dos autos distintos. A Nora la hicieron decirles la dirección de su casa. Así hizo. Los llevó hasta la casa de Monseñor Solari en Morón, donde vivían con sus suegros, donde la madre de Tarquini presenció el operativo y donde tras diez minutos volvieron a salir con la pareja secuestrada en viaje de 15 minutos hasta la Brigada de San Justo. Al bajar a Nora la sacaron tabicada, la hicieron subir una escalera y la tiraron sola en una pequeña celda ciega. Allí uno de los guardias le ofreció agua o ir al baño. “En todo ese tiempo estuve esperando que me llevaran a la tortura, pero no ocurrió”, dijo la testigo. Así estuvo 5 o 6 días hasta que la llevaron a otra celda con 3 chicas a las que le dijeron que estaba en San Justo y que “eran del entorno de la militancia de mi marido y ya habían sido torturadas. No hablábamos mucho, estábamos todas bastante shockeadas, y a mí me venían a amenazar con llevarme a la parrilla”. Eran Olga Araujo, Amalia Marrón y Elisa Moreno, a quienes conocía Tarquini de las tareas sociales en el Complejo 17 de Ciudad Evita. Las tres sobrevivientes y las dos primeras ya dieron testimonio en este debate. En San Justo distintos represores pasaban a controlarlas, les traían una comida incomible y las hacían lavar ropa cuyo origen desconocían. En una ocasión la llevaron a un interrogatorio en una sala del primer piso, donde le preguntaron por su familia y si militaba, y especialmente por su apellido judío. En otra oportunidad pudo hablar brevemente con su esposo mientras éste iba al baño. Otra vez les dijeron que iba a visitar el lugar un alto jefe militar, entonces las tabicaron a las 4 detenidas, las sentaron alrededor de una mesa y vivieron la visita de un personaje que habló con las detenidas: ella le dijo que era madre y que tenía una librería y el represor le respondió con ironía “entre otras cosas”. De los represores recordó a “King Kong”, que tenía acento provinciano, “Rubio”, “Teta” y “Víbora”.
Así pasó Liberman 40 días en la Brigada, y un día le informan que habían liberado a su esposo, que era “un perejil” y que a ella la liberarían al día siguiente: “pensé que lo habían matado y que al día siguiente me tocaba a mí”, dijo la testigo. Sin embargo al otro día, 16 de mayo de 1978, la sacaron en un auto, tabicada, de noche y la dejaron en cerca de la avenida General Paz con dinero para el boleto de colectivo. Al llegar a casa de sus suegros éstos le dijeron que su esposo y sus hijos estaban en la casa de su cuñada. Cuando pudo verlos se enteró que su hija había sido dejada en un local comercial vecino y su hijo menor había sido retenido por la familia que lo cuidaba y sólo se lo entregaron a un amigo de su marido que era militar.
Cuando pudo hablar con su marido le contó que había sido llevado a San Justo, lo habían llevado a una celda aislado, lo golpearon, sufrió un simulacro de fusilamiento y lo torturaron con picana reiteradamente.
Al referirse a la vida que tuvo que llevar posterior a su liberación dijo que fue “una vida destrozada, porque realmente estábamos imposibilitados de salir de la casa de nuestro cuñado, o volver a nuestra casa, y como Luis era italiano, nacido en Roma, a través del Consulado nos dieron a mí y a mis hijos la ciudadanía en una semana, nos pagaron los pasajes y salimos a Italia.
Para finalizar la testigo se refirió a los genocidas imputados en el juicio al decir “Durante muchos años me he preguntado en qué estadio de la evolución humana estuvo la gente que nos hizo lo que nos hicieron, cómo fueron capaces de torturar a tanta gente, de separarlos de sus familias, y qué les prometieron. Si les prometieron impunidad y poder sobre la vida. Vida que es sagrada y que ellos nunca respetaron. Y como sé que no están presentes quisiera saber si tienen hijos qué le contaron a sus hijos, si sus hijos saben o no lo que han hecho. Quiero que esto sirva para mis hijos y los hijos de mis hijos, para que sepan reconocer las injusticias, y luchar contra ellas. Para que esto no se vuelva a repetir. Para que la sangre derramada de la gente que han asesinado sirva para que las nuevas generaciones sepan hacer una Argentina grande, porque el arma más fuerte que hay es la Verdad. Agradezco esta oportunidad a todas las organizaciones de Derechos Humanos. Y mi gran pesar es que mi marido no llegó. Le puse voz también a Luis Tarquini, porque su corazón quedó muy destrozado y se perdió esta oportunidad que yo recogí”.


A continuación se escuchó el testimonio de CIRILA BENITEZ, sobreviviente de 5 Centros Clandestinos de Detención que testimonió en este debate por los casos de sus esposo Aureliano Araujo, y varios familiares más, todos ellos secuestrados y llevados a la Brigada de San justo.
En la década del ’70 Cirila fue referente barrial del Complejo habitacional 17 de Ciudad Evita, y como tal electa presidenta de la Comisión de madres de la Junta Vecinal del Complejo. Junto a su esposo Aureliano Araujo fueron los principales impulsores de esa experiencia de organización barrial en La Matanza que fue especialmente perseguida por el Terrorismo de Estado de la última dictadura.
La testigo relató que el mismísimo 24 de marzo de 1976 llegó un operativo a su casa del complejo como a la 1 de la mañana. Un grupo de hombres de civil y armados entró violentamente a su casa, revisaron todo y preguntaron por su esposo. Entonces le dijeron que la iban a llevar por “averiguación de antecedentes”. La tabicaron y le ataron las manos, junto a sus cuñadas Olga y Teresa Araujo y un muchacho del barrio. Los pusieron en una camioneta y tras un viaje muy corto las llevaron al Regimiento 3 de La Tablada, ubicado en frente al complejo. Allí fue alojada sola, estuvo varias horas y fue torturada e interrogada sobre los nombres de los referentes del barrio. Luego fueron llevados las 4 personas al CCD “Puente 12”, en Autopista Ricchieri y Ruta 4. En este lugar, al que identificó porque se lo dijeron otros detenidos y donde estuvo siempre tabicada, la amenazaron de asesinarla o hacerle daño a sus hijos de 3, 5 y 8 años si no hablaba, en lo que la sobreviviente definió como “una tortura psicológica”. Tras varios días en Puente 12 fue llevada sola a lo que ella cree era la Sub comisaría de Laferrere, donde continuó siendo violentada psicológicamente. Tras esto fue pasada al “Pozo de Banfield” y alojada sola, la interrogaron sobre sus relaciones sociales y políticas. Después la llevaron a la Comisaría de Monte Grande, donde compartió celda con tres jóvenes a los que desconocía y donde continuó el “verdugueo”. Finalmente la pusieron a disposición del Poder Ejecutivo y la alojaron en la cárcel de Olmos. Después la llevaron a la cárcel de Devoto, a Coordinación Federal, a la cárcel de Ezeiza y la liberaron en 1978 con su salida del país a Holanda.
Cirila contó que la tarea social que desarrollaba en el Complejo 17 se basaba en la creación de una Junta Vecinal, que presidía su esposo, y la instalación de una sala sanitaria desde la que ella coordinaba la vacunación de los niños con la colaboración de los médicos Norberto Liwski, Francisco García Fernández Jorge Heuman, Raúl Petruch y otros.
Ya instalada en Holanda se enteró que sus hijos estaban con su hermana y la anoticiaron del secuestro de su esposo Aureliano Araujo y su concuñado Abel De León, ocurrido el 8 de abril de 1978. Posteriormente logró que le enviaran a sus hijos a Holanda. Desde el exterior tomó conocimiento de la misa que se realizó en marzo del ’78 en la catedral de San justo para pedir por su liberación y contra su expulsión de país. En esa instancia fueron detenidos nuevamente sus familiares Teresa y Olga Araujo, el primo de Olga, Estanislao Araujo, el esposo de y otra decena de militantes y colaboradores del barrio que fueron todos llevados a la Brigada de San Justo.
Como se sabe se encuentra agregado a la causa un informe con base en material de la Dirección de Inteligencia de la bonaerense (DIPPBA) que detalla que la Delegación de Inteligencia n° 1 de Morón-San Justo venía haciendo tareas de inteligencia sobre Cirila y otras personas activistas del barrio por lo menos desde enero de 1976. Allí los represores realizaban una semblanza completa de Cirila y la sindicaban como organizadora de la ocupación en el barrio y como militante del PCR. En base a ese informe se desató luego la cacería.


El testimonio final de la jornada fue el de ELDA RODRÍGUEZ, hermana de Enrique Ricardo “Pluma” Rodríguez, militante de la UES zona oeste desaparecido el 16 de septiembre de 1977 tras ser secuestrado de la casa de sus padres, Juan ventura Rodríguez y Epifania Ramírez, quienes fueron asesinados en el operativo.
La testigo relató que vivía en Ruta 3 Km 30 y esa semana su madre la había visitado porque ella estaba con paperas. Luego su madre volvió a su casa de la calle 4 de septiembre al 2.400 en Hurlingham diciendo que volvería temprano al otro día. Al no regresar, Elda se preocupó, pero tuvo que quedarse con sus hijos de 4 años y 10 meses. Sí la visitaron su hermana, su cuñada y su hermano más grande. Finalmente el padre de sus hijos le comentó que había habido un operativo en casa de sus padres. “Ahí empezó la nada para mi vida”, dijo Elda “no sabía bien lo que había pasado y después supimos por dichos de vecinos que se comunicaron”. Dijo que a través de un primo que estaba activo en la Fuerza Aérea en Chamical pudieron conocer detalles del hecho y que los cuerpos de los padres estaban en la Comisaría de Hurlingham. Cuando fueron a esa dependencia les dijeron que los cuerpos habían sido llevados al cementerio de Morón. Pese a moverse con rapidez, en el cementerio descubrieron que ya estaban enterrados como NN.
Por diversos relatos de vecinos y las averiguaciones de su primo pudieron saber que en el operativo actuó una patota con un camión en la puerta, que sacaron a sus padres violentamente a la mitad de la calle y los alternaban sacándolos e ingresándolos a la casa de a uno. Su madre gritaba que no les hicieran nada y un vecino que quiso interceder fue amenazado por los represores. Finalmente los entraron y los asesinaron a tiros en la cocina.
Cuando los genocidas se retiraron un vecino y amigo del padre ingresó a la casa y vio que habían sido rematados con un tiro de gracia cada uno.
También supo que su hermano Enrique “Pluma” Rodríguez estaba en la casa con su compañero Ricardo “Polenta” Pérez. Ambos tenían 20 años, militaban en la UES y al ver el operativo quisieron escapar por los fondos, pero fueron secuestrados. “Pluma” realizaba tareas sociales en la zona, entre ellas teatro barrial con Alejandro “Indio” Aibar, también militante de la UES, secuestrado y desaparecido cuatro días después que “Pluma” y “Polenta”.
El episodio ocurrido en la casa de los Rodríguez fue relatado en 2015 ante el tribunal Oral de San Martín en la causa caratulada “Barberis, Marcelo Eduardo y otros” conocida como Mansión Seré. Allí el soldado Witold Jorge Nowakowski que “a fines del año 1977 o principios de 1978 un “hecho de violencia” lo impresionó de sobremanera, ocurrió en un domicilio ubicado en la localidad de William Morris, partido de Hurlingham, donde funcionaba una fábrica de guantes. En aquel operativo, observó cuero cabelludo con huesos, masa encefálica y manchas de sangre sobre una pared. No vio cadáveres. Es una imagen que nunca se me borró (…) para mí fue un saqueo tipo botín de guerra”. Agregó que “Había asistido con el objeto de ‘asegurar la zona’ mientras detenían gente pero en lugar de ello se llevaron todo lo que había en el lugar y lo depositaron en unos hangares." En la misma causa el personal civil de la I° Brigada Aérea de “El Palomar”, Francisco Luis Ventosa, dijo que “en la Base estaba el Grupo de Tareas 100, el cual era un grupo dedicado a operativos o la lucha contra la subversión,” y que “cerca de un hangar había como un depósito de diversas cosas, heladeras, electrodomésticos y recordó una oportunidad en la que aparecieron gran cantidad de guantes de cuero”.
Elda contó que su padre tenía un taller de guantes finos en su casa y que tras el operativo los genocidas vinieron con un camión se robaron las máquinas, los cueros y todos los elementos del taller más las cosas de la casa. La noche anterior habían ido a buscar a su casa de Hurlingham a Jorge Antonio Catanese, que trabajaba con su padre y era militante de Montoneros. Catanese fue visto por los carpinteros de apellido Moreno, secuestrados en la Brigada de San Justo la segunda quincena de septiembre del ‘77, y continúa desaparecido. 
Elda aseguró que en los homenajes que se realizaron a su hermano y sus padres, conoció a la sobreviviente Adriana Martín, quien le contó que había estado detenida con su hermano en la Brigada de San justo. Adriana contó en la 4ta audiencia de este debate que compartió cautiverio en San justo con  muchos de sus compañeros de la UES zona oeste, entre ellos “Pluma” Rodríguez” y “Polenta” Pérez, y que presenció un episodio de fines de diciembre de 1977donde  todos los integrantes del grupo fueron sacados tabicados en varios vehículos y fusilados con diversos disparos. Los 9 militantes de la UES zona oeste continúan desaparecidos y sus cuerpos nunca fueron hallados.
La hermana de “Pluma” Rodríguez dijo que tras los hechos de secuestro de su hermano y asesinato de sus padres sufrió la vigilancia de un camión militar en su casa y sus hermanos que vivían en Capital Federal también fueron vigilados.
La testigo señaló que si bien sus padres no eran militantes “eran seres muy especiales, siempre estaban para sus hijos cuando los necesitaban. No tenían armas, ni un matagatos. Por eso supe que si pasaba algo los iban a matar como conejos. Eran padres de todos los pibes del barrio. Nos criaron con conciencia social y, si bien no éramos gente de dinero, siempre estaban pensando en los demás. No puedo entender como los mataron así”. Dijo que durante mucho tiempo fue todos los días al cementerio para tratar de regularizar la situación de sus padres, que continuaban inhumados como NN. Los registros falsearon  lo sucedido diciendo que los habían encontrado muertos en la esquina de la casa en ropa de cama, con múltiples heridas de bala y que habían sido víctimas de un robo. Además cuando pudo levantar los restos determinó que habían sido inhumados un arriba del otro y tuvo que dejarlos en depósito y esperar mucho tiempo una urna doble que desde el cementerio siempre le negaban. Hasta que cierto día, en el año ’80 u ’81, le informaron que el depósito había sido vaciado y los restos incinerados en un foso común. “por eso vine hoy acá, para tratar de cerrar un círculo. Ellos no eran NN, tenían  nombre y apellido. Eran gente humilde que la luchaba y criaron a sus hijos con valores”, finalizó Elda.


Antes de finalizar la audiencia las abogadas del espacio JUSTICIA YA LA PLATA, Luz Santos Morón y Pía Garralda, realizaron un planteo al tribunal sobre la situación de la domiciliaria del genocida Leopoldo Luis Baume imputado por 52 casos en esta causa, ya que se supo que se estuvo paseando libremente de La Plata a Caba en  el  marco del juicio de lesa  humanidad por el CCD “Sheraton”, que funcionó la Subcomisaría de Villa Insuperable, La Matanza, y donde recientemente  fue condenado con ejecución en suspenso. Las abogadas recalcaron que el reo está con domiciliaria y “no ha sido excarcelado”. Describieron que “El día 25 de marzo se dio  a conocer el veredicto en Comodoro Py y  Baume fue con su esposa, estuvo entre víctimas y familiares al momento de las acreditaciones y hasta estuvo  esperando en el buffet a que comenzara la audiencia. De la lectura del veredicto participaron víctimas, familiares, y  organismos de derechos humanos. A Leopoldo Luis  Baume se lo condenó a 8 años de prisión por delitos de lesa humanidad, por la privación ilegal de la libertad de Pablo Bernardo Szir, Julia Sarmiento, Luis Salvador Mercadal, María Cristina Ferrario y Delia Bisutti, y por torturas en los dos últimos casos. Sin embargo al finalizar, como si nada hubiera pasado y sin ningún tipo de custodia,  el reo Baume salió caminando junto a su esposa hacia la terminal de Retiro para esperar el colectivo, rumbo a la ciudad de La Plata. Allí lo reconocieron dos militantes de derechos humanos que  habían viajado para presenciar la sentencia”.  Las abogadas remarcaron que “es imprescindible comprender el riesgo que implica para víctimas y familiares pero también cómo puede afectarlos psicológica  y emocionalmente que pese a haber sido juzgado y en su caso condenado puedan encontrarse a un represor caminando libremente. La impunidad se percibe de diferentes formas, esta es una de ellas y además de afectar a víctimas y familiares también repercute en el conjunto de la sociedad. Esto va en clara contraposición a las obligaciones que ha asumido el Estado argentino en materia de derechos humanos de juzgar y castigar los delitos de lesa humanidad”. Tras esto pidieron que tanto el TOF platense como el de CABA informen las condiciones en las que se autorizó a trasladarse para el veredicto del 25 de marzo, que se realicen nuevos estudios médicos a  fin de determinar  el estado de salud del imputado y  se informe si dadas dichas circunstancias podría ser asistido intramuros, y finalmente que se refuerce las medidas de custodia y seguridad. Se insistió también con un planteo ya realizado por Justicia YA al inicio del debate,  como es que se revoque el beneficio del arresto domiciliario para este represor. La defensa de BAume alegó que el genocida se había apersonado al TOF1 de LA Plata para escuchar la sentencia de “Sheraton” y al ser solicitado por el TOF de CABA se dirigió personalmente hacia allá. El represor goza del beneficio de la domiciliaria en su casa de calle 49 Nº 867 1º A de La Plata, otorgada por el juez Arnaldo Corazza desde el mismo momento en que lo detuvo en la causa San Justo, en marzo de 2012. Vale con ello aclarar que 42 años después de los hechos nunca cumplió prisión efectiva por los delitos que cometió.

La próxima audiencia será el miércoles 24 de abril desde las 11 hs. Para presenciarla sólo se necesita concurrir a los Tribunales Federales de 8 y 50 con DNI.

jueves, 11 de abril de 2019

03 DE ABRIL: VIGESIMA TERCERA AUDIENCIA

LOS ORGANIGRAMAS
Continuó el debate por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la Brigada de Investigaciones de San Justo. Las sobrevivientes Graciela Gribo y Roxana Kohn relataron el secuestro y las torturas que sufrieron en ese CCD en 1978 y dejaron clara la existencia de un plan sistemático de eliminación de un sector de la militancia política opositora al régimen de facto.
Por HIJOS La Plata


La audiencia dio inicio con la testimonial de la sobreviviente GRACIELA GRIBO, que estuvo 3 meses secuestrada en la Brigada de San Justo y donde pudo comunicarse con otros detenidos, entre ellos el estudiante desaparecido Saúl Szajnbaum.
La testigo comenzó relatando que al momento de su secuestro, ocurrido el 12 de diciembre de 1977, tenía 20 años y había empezado estudiar medicina. Estaba de novia con un En mayo del ’75, mientras estaba en un asado en casa de amigos cayó un operativo, se secuestraron unas plantas de marihuana y su novio fue detenido. Franco era militante, estuvo detenido en Coordinación Federal, recibió 6 años de condena y fue deportado por tener nacionalidad australiana. En ese tiempo Graciela se casó para poder visitarlo, ya que no se permitían visitas de personas que no fueran familiares, y comenzó a relacionarse con familiares de detenidos políticos, aunque nunca participó en ninguna organización política.
Gribo dijo que la noche de su secuestro se había quedado en casa de unos amigos en Palermo porque tenía que preparar un examen. Aquella madrugada un grupo operativo de 3 o 4 hombres de civil que se presentaron como del Ejército entró violentamente a la casa de la calle Güemes. Graciela fue vendada, subida a un auto y trasladada a lo que después supo era la Brigada de San Justo. En la Brigada tenían secuestrados a sus padres y a su hermano Jorge de 15 años, que habían sido secuestrados en la casa familiar de calle Córdoba al 2400 en Capital Federal y fueron liberados al llegar ella. Tras ser llevada a una sala de torturas fue sometida a varios interrogatorios con picana eléctrica, mientras le preguntaban  por su actividad política. Luego la llevaron a una celda pequeña donde estuvo sola y vendada. Desde allí pudo escuchar que los represores hablaban por teléfono, se referían al lugar como “Brigada San Justo” y pedían “área” para realizar operativos. Tres días después volvió la picana y luego fue llevada a otra celda más grande donde se encontró a Claudia Kohn, amiga suya que había sido secuestrada en noviembre del ’77, a Roxana, hermana de Claudia, y a Adriana Martín, que estaba allí desde septiembre. La testigo mencionó que en la celda las visitó un cura que les insistía para que hablaran ante los represores. Además pudo saber que estaba allí secuestrado Saúl Jaime Szajnbaum, un joven de 22 años estudiante de bioquímica secuestrado el 21 de noviembre del ’77 en Capital Federal. Graciela conocía a Claudia Kohn de la facultad de Medicina, y en algunas reuniones se habían cruzado con Saúl. En marzo de 1978 Gribo, Claudia Kohn y Szajnbaum fueron llevados al Pozo de Banfield. Graciela vio por debajo de la venda que Saúl iba descalzo. Después se enteró que fue sacado de Banfield y nunca más supo nada de él. Cuando llegó a la comisaría de Laferrere encontró a otros secuestrados que venían de San Justo, como Rafael Chamorro, que le dijeron que lo habían visto a Saúl en Banfield y que se lo habían llevado en un “traslado”. En Laferrere también vio a Amalia Marrón y Jorge Heuman, sobrevivientes de San Justo que ya han testimoniado en este juicio.
La testigo relató que hace un tiempo, en una marcha del 24 de marzo, reconoció en una pancarta el rostro de Saúl Szajnbaum, se acercó y conoció al hermano Sergio que le confirmó que estaba desaparecido.
Estando en San Justo, en una oportunidad la sacaron de su celda y la llevaron a asistir a Adriana Chamorro, que había sido secuestrada en febrero del ’78, estaba muy desmejorada por la tortura y a la que ayudó a levantarse para ir al baño y para alimentarse.
Gribo relató otro episodio vivido en San Justo al referir que una vez se produjo un incendio en una oficina y ella y las hermanas Kohn fueron destabicadas y llevadas a realizar trabajo esclavo limpiando el ollín de las paredes. Allí pudieron ver unos carteles tipo organigrama de las organizaciones políticas del momento, con nombres de personas buscadas o ya secuestradas.


La testigo afirmó que los represores de San Justo se manejaban con apodos, y entre ellos recordó a “Tiburón” y “Víbora”, represores con mando sobre el resto, “Lagarto”, subordinado a los otros, un guardia llamado “Eléctrico” y el jefe apodado “Coronel”. Al serle exhibido el álbum de represores de San Justo reconoció a Héctor Carrera, agente de la dependencia entre agosto de 1975 y febrero de 1979.
Graciela Gribo viene relatando su calvario hace tiempo: declaró en abril de 1987 ante la Cámara de Apelaciones de la Capital Federal en la causa contra los genocidas Ramón Camps, Ovidio Richieri, Miguel Etchecolatz, Alberto Rousse, Héctor Vides, Jorge Bergés y Norberto Cozzani. Después de pasar 3 meses en San Justo fue llevada unos meses al Pozo de Banfield, luego a la comisaría de Haedo, donde pudo tener un primer contacto con su familia, más tarde a la sub comisaría de Laferrere, sufrió un Consejo de Guerra en el Regimiento 1, fue llevada a la cárcel de Devoto, fue pasada al Pen y sobreseída en una causa en la justicia federal y finalmente liberada a fines de 1981. Sobre cómo continuó su vida tras ser liberada dijo que en realidad estaba en libertad vigilada y al haber podido sobrevivir buscó fuerza en la gente que la rodeaba.
Para finalizar reflexionó que “la justicia es mucho más que resarcir lo violentado. Es también la posibilidad de ponerle palabras a los gritos de horror, a la impotencia, a la nada dolorosa que implican las ausencias como la de Saúl. Él debería haber podido proyectar su futuro y no está. Como los 30 mil. Las palabras hacen presentes a los ausentes y ya eso repara un poco”. Exigió justicia por Saúl y por todos los desparecidos de la Brigada de San Justo y señaló que “a pesar de que pasó el tiempo la verdad no huye”.


El segundo y último testimonio correspondió a ROXANA KOHN, ex detenida desaparecida que estuvo 3 meses en la Brigada de San Justo junto a su hermana Claudia, estudiante de medicina y militante de Política Obrera. La sobreviviente comenzó agradeciendo la posibilidad de hablar de lo que le sucedió hace 42 años y dijo hacerlo por su hermana, también sobreviviente y que falleció, por los 30 mil detenidos desaparecidos, por los asesinados, por los organismos de Derechos Humanos y para que siempre haya Memoria, Verdad y Justicia.
Roxana contó que realizó el secundario en el Colegio Nacional Buenos Aires y militó en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Había decidido irse del país a Israel cuando mataron a su novio Federico Julio Martull en junio del ‘77. “El Turquito” había sido visto con vida en el CCD “El Vesubio” y su cuerpo acribillado apareció el 3 de julio del ’76 en Del Viso. Roxana salió en diciembre del ’76 y en Israel estuvo 10 meses en un kibutz, tras lo cual vivió en distintos lugares de Europa. Hizo varios intentos por regresar pero por consejo de su padre pospuso la vuelta. Cuando efectivamente regresó, el 18 de noviembre de 1977, la fueron a recibir sus padres y su hermana. A mitad de camino de regreso del aeropuerto fueron interceptados por varios autos, los pararon, separaron a las hermanas de los padres. Todos fueron llevados a San Justo, incluidos su madre Dora Pobo y su padre Alejandro Kohn, que a las pocas horas fueron liberados. Las hermanas fueron conducidas encapuchadas a una sala donde comenzaron los interrogatorios y que luego supo era la Brigada de San Justo. A Roxana le preguntaron por “Alex”, y ella pensó que le hablaban de su padre Alejandro o de un novio anterior así apodado. Entonces le mostraron fotos de ella tomadas en una actividad y le leyeron la desgravación textual de una conversación telefónica a Madrid que ella había tenido con su abuela en octubre de ese año con motivo del cumpleaños de ésta, donde ella había mencionado “invitálo a Alex”.
Le dijeron “pensá, porque de esto depende tu vida”. Así fue llevada a una sala donde le pusieron una toalla mojada y la torturaron con picana eléctrica. Tras la sesión la ubicaron encapuchada en una celda desde donde escuchaba los tormentos aplicados a otros detenidos. A los 4 días la ponen junto a su hermana Claudia, pero al poco tiempo la sacaron a las patadas, la pusieron en un auto y la llevaron a otro lugar tipo garaje que ella reconoce como el CCD “Club Atlético”, los talleres de la División Administrativa de la Policía Federal ubicados en San Telmo. Allí le asignaron el código D 60 y recuerda que un represor gordo con una cruz esvástica le pegó con un palo de béisbol  mientras hacía comentarios sobre su ascendencia judía. Después la pusieron en una cucheta con una puerta metálica pesada donde otro represor la amenazó apretándole los pezones. Luego la volvieron a poner en un auto y la regresaron a la Brigada de San Justo.
La testigo contó que en San Justo pudo encontrarse a Graciela Gribo, amiga de su hermana Claudia, que había sido secuestrada un mes después que las hermanas Kohn tras una sesión de torturas a Claudia para poder ubicarla.
Al igual que Gribo en su testimonio, Roxana contó que en un determinado momento las llevaron obligadas a limpiar las oficinas de la dependencia, donde el jefe de los represores que se hacía llamar “Coronel” o “Comisario Aguirre”, que se presentaba siempre de impecable traje, tenía un pizarrón con chinches que era un organigrama con nombres de personas buscadas, asesinadas o desaparecidas. “Fue impactante, no podía creer que me dejaran ver eso”, dijo Roxana. Además tenían expuesto un cuadro que ella había comprado en Jerusalem y unas lechuzas de viento que le habían robado a ella volviendo de Ezeiza.
En San Justo también estuvo en una celda con Adriana Martín, militante de la UES secuestrada en septiembre del ’77. Desde ese lugar pudo escuchar la radio policial donde los represores se referían al lugar como “San Justo”. Además corroboró que se trataba de esa dependencia porque en una oportunidad la sacaron a reconocer casas y al salir vio la Plaza central de San Justo. Roxana afirmó que también supo de la estancia en San Justo de una persona que decía que era del Partido Comunista y que al creer que lo iban a matar se golpeaba la cabeza contra la pared. Por la correspondencia de fechas podría ser el sobreviviente Sigfried Watzlawik, quien estuvo en San Justo entre diciembre del ’77 y marzo del ’78, y ya testimonió en este debate. Su hermana le contó que en una oportunidad que la llevaron a limpiar un patio pudo observar secuestrado y tabicado dentro de una celda a Saul Szajnbaum, compañero de estudios de Gribo y de su hermana que continúa desaparecido.
El 14 de febrero del año ’78 le informaron que la iban a liberar, pero que si la volvían a detener “no había segunda vuelta”. La sacaron oculta en una camioneta y la dejaron en Ecuador y Santa Fe de Ciudad de Buenos Aires.
Su hermana Claudia estuvo en San Justo hasta mediados de marzo del ’78, luego, junto con Graciela Gribo, la pasaron por el Pozo de Banfield, la Comisaría de Haedo, luego por Laferrere y finalmente por la cárcel de Devoto.
Roxana agregó tras ser liberada vivió un tiempo bajo libertad vigilada, que en su casa le dejaban tarjetas con citas extrañas a las que nunca concurrió y que por la experiencia del secuestro y la tortura soñaba con vendas y cadenas. Entre los represores de San Justo, además de “El Coronel” recordó a “Tiburón”, “Víbora” y “El Rubio”. Al serle exhibido el álbum de represores reconoció a Ricardo Juan García como “El Rubio” y a Héctor Horacio Carrera. Al igual que Graciela Gribo, mencionó la visita que les realizó un personaje con sotana y un revólver, que le habló de una compañera suya Laura Feldman, apodada “Penny”, militante de la UES en el Carlos Pellegrini secuestrada en febrero del ’78, vista en el CCD “El Vesubio” y cuyos restos fueron identificados por el EAAF en el cementerio de Lomas de Zamora en 2009.
El dato de la estricta planificación represiva de los agentes de San Justo a través de organigramas de las personas y organizaciones apuntadas también fue mencionado por la sobreviviente Adriana Martín, que en la 4ta audiencia de debate contó que al igual que otras mujeres fue coaccionada a limpiar las oficinas del primer piso de la Brigada y detrás de un escritorio vio un organigrama con nombres y flechas donde estaban todos sus compañeros de la UES zona oeste y distintos banderines: rojo para los asesinados, azul para los secuestrados y amarillo para los buscados. “Fue humillante ser la servidumbre de los represores”, dijo Martín en esa oportunidad. La existencia de un plan sistemático de eliminación de un sector de la militancia política opositora al régimen, coordinado desde la cúpula de mando de facto de la provincia, efectuado por agentes de la Brigada, y con el apoyo de la inteligencia militar es cada vez más clara. Ello se llama Genocidio y el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata lo sabe.
La próxima audiencia será el miércoles 10 de abril desde las 11 hs. Para presenciarla sólo se necesita concurrir a los Tribunales Federales de 8 y 50 con DNI.

domingo, 7 de abril de 2019

27 DE MARZO: VIGESIMA SEGUNDA AUDIENCIA

CUATRO AÑOS EN LA BRIGADA
Con los relatos de 4 testigos por diversos hechos ocurridos entre 1975 y 1978 continuó el debate por este Centro Clandestino de Detención de la zona oeste del conurbano. Una ex detenida en este CCD en 1975, la esposa de un desaparecido que pasó por el lugar en 1976, una vecina de dos secuestrados en 1977 y un sobreviviente que pasó 2 meses en el sitio en 1978, dieron un completo panorama de la actuación del Terrorismo de Estado antes y durante la última dictadura.

Por HIJOS La Plata



La primer testigo fue EMA DELIA LUCERO, sobreviviente de la Brigada de San Justo tras estar allí recluida antes del golpe de Estado del ’76. Su testimonio completó el relato ya realizado en el debate por Elba Balestri, referido a los operativos realizados en Morón en abril de 1975, donde fueron detenidos más de 26 militantes de distintas organizaciones de la llamada Junta Coordinadora Revolucionaria, y donde actuaron agentes de la Brigada de San Justo en coordinación con militares uruguayos en lo que hoy conocemos como “Plan Cóndor”.
Lucero declaró por videoconferencia desde Rosario y contó que era militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Fue secuestrada el 3 de abril del ’75 en su casa de Morón, en calle Balcarce 2647. Dijo que la sacaron de allí con los ojos vendados y su bebé Flavio de 11 meses en brazos. La llevaron una cuadra caminando hasta que la subieron a un auto. Sus otras hijas de 5 y 7 años quedaron en la calle desamparadas. Así la trasladaron en auto con su bebé hasta un lugar que recién una semana después pudo saber que se trataba dela Brigada de San Justo porque se lo comentó otra detenida, Estela Gariboto, que vivía en la zona. En la Brigada fue puesta en una sala con su bebé, pero al poco tiempo se lo quitaron. Luego la llevaron arrastrando hasta otra sala en un piso superior, la arrojaron en un camastro de metal y la torturaron con picana eléctrica mientras la sometían a interrogatorios. Al otro día sufrió cinco sesiones de torturas con la modalidad de submarino y submarino seco. Tras ello, y mientras pedía permanentemente por su bebé, fue sacada de la Brigada en auto, llevada a un predio donde la subieron a un helicóptero y la amenazaron con arrojarla al vacío si no hablaba. Luego la regresaron a la Brigada y la dejaron en un patio aislada. Finalmente la ubicaron con otros secuestrados a los que fue conociendo y supo que había algunos argentinos y un grupo grande de mujeres uruguayas. Así estuvo 15 días con esos detenidos, mientras seguían las sesiones de torturas y amenazas de muerte. Tras esto fue trasladada a la Brigada de Investigaciones de San Martín, donde juntaron a todas las madres secuestradas en aquellos operativos de abril que tuvieran hijos, y donde pudo reencontrarse con su pequeño Flavio. En ese lugar una de las celadoras le dijo que los represores ya habían organizado repartirse a los bebés que estaban allí si las madres no aparecían, y que ella se había quedado con su hijo Flavio. Tras una semana en San Martín un grupo de mujeres secuestradas fueron llevadas sin sus hijos de San Martín nuevamente a San Justo y luego en un ómnibus a la cárcel de Olmos. En ese grupo, además de Lucero estaban Estela Favier de Carpanessi, Clarive Ducassou de Leguizamo, Ana Maria Bereau, Emilia Maria Carlevaro de Rocco, Marta Irene Cardoso de Rodriguez, Carmen Carballo de Gonzalez, Sonia Magdalena Gonet de Quiroga,  Iris Noemi Quiroga Ale de Gimenez, Maria Cristina Olivera Colzani, Maria Emilia Parola Langhain, Marina Rosa Lombardi de Ruckz, Graciela Tadey Henestroza, Marta Edith Lockhar Santillan, Nidia Malvina Calegari de Cacciavillani y Elba Elida Balestri. Luego en Olmos encontró a Circe Bernardette Artigas. También recordó que en Olmos sus compañeras de cautiverio comentaron que en el mismo grupo hubo en San Justo otra mujer detenida de apellido Artigas, cuyo esposo tenía el apellido Moyano. Se trata sin dudas de María Asunción Artigas de Moyano.
Para finalizar la testigo rememoró que estuvo recluida en Olmos desde fines de abril del ’75 hasta septiembre del ’76, cuando fue llevada a la cárcel de Devoto. En Olmos intervino un juez federal de apellido Luque, ante quien declaró las torturas que sufrió, pero nunca se investigaron esos hechos. Sobre su hijo afirmó que tras haberlo visto en la Brigada de San Martín, luego se lo llevaron a Olmos, y finalmente a través de la intervención de un juzgado de menores logró que lo llevaran con su hermana en Rosario.
La testigo finalizó su declaración diciendo “Me solidarizo con todos los torturados en la Brigada de San Justo y de todo el país. Por los asesinados y los 30 mil desaparecidos digo presente! Ahora y siempre”.
La investigación, el juicio y castigo de los crímenes cometidos por agentes de San Justo antes del golpe, como por represores uruguayos que actuaron coordinadamente en la Brigada,  es parte de gran cantidad de hechos aún impunes, parte de la coordinación desde el Estado de la represión desplegada antes del golpe de marzo del ’76.



A continuación se escuchó el testimonio de CRISTINA DEL RÍO, esposa del militante desaparecido Ricardo “Kalin” Chidichimo y testigo presencial de su secuestro en noviembre de 1976. Del Río relató que Ricardo “Kalin” Chidichimo comenzó a interesarse por los temas sociales a partir de su participación en una iglesia de la línea del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, tarea en la que se conocieron con Cristina. Luego él siguió estudiando en la Facultad de Exactas y militando en la JUP. Cristina se puso a trabajar en la Municipalidad de La Matanza e integraba la JTP zonal.
En noviembre de 1976 ya estaban casados, Ricardo trabajaba en el Servicio Meteorológico Nacional, vivían en Ramos Mejía y tenían una niña de 8 meses llamad a Florencia. El 20 de noviembre de 1976 el matrimonio había dejado a la niña en casa de la madre de Cristina porque iban a ir a un casamiento. Volvieron tarde a la casa de Ramos Mejía. Ricardo había bebido un poco y se acostaron. A las 4 de la mañana cayó una patota de entre 8 y 10 represores que rodearon la casa. Unos rompieron la puerta del frente con una barreta, otros se metieron al terreno por los techos. Ricardo y Cristina fueron reducidos, tabicados y separados en distintas habitaciones. Él estaba con un interrogador en el living y ella en una pieza con otro. A Cristina la tiraron en la cama, le pusieron una frazada encima y le dijeron “no te destapes, no mires”. Mientras daban vuelta la casa y preguntaban por armas que no había, los represores encontraron algunos documentos: “¡estos son legales, tienen libreta de casamiento y recibo de sueldo!” dijeron  los genocidas. A continuación les pidieron papeles de la casa y del auto. A Cristina le mostraron una foto de su hermano, militar activo en el Regimiento 7 de La Plata, y le preguntaron si se juntaba con él. También le mostraron material político de Montoneros y como Cristina los desconoció se violentaron al decir “Traé la máquina que le damos acá nomás”. Como conocía los modos del ámbito castrense, Cristina cree que los represores que actuaron en el operativo eran militares. Tras una hora y media de calvario los represores se retiraron llevándose a Ricardo. A Cristina el interrogador le mostró la cara, le dio una arenga diciendo que lo que hacían era por la patria y que iban a volver a buscarla.
Al quedar sola Cristina salió corriendo de la casa y tomó un colectivo a la casa de su hermana, distante a 20 cuadras. La testigo dijo que buscó ayuda para moverse inmediatamente: a través de su suegro, ex oficial de aeronáutica hicieron investigaciones, habló con su cuñado y juntos fueron a ver a su hermano militar, pero les dijo que no podía hacer nada porque él también había sido investigado. Luego recurrió a su otro hermano, y como la familia pensaba que a Ricardo podían haberlo llevado a Ciudadela o Campo de Mayo consiguió una gestión ante el general Jorge Olivera Róvere, segundo comandante del Primer Cuerpo de Ejército, a cargo de la subzona de Capital Federal. Al día siguiente del secuestro de Ricardo se presentó en la casa de Ramos Mejía un enviado de Olivera Róvere, un tal teniente Grau, que interrogó a Cristina y le dijo que Ricardo estaba vivo. Luego la familia consiguió una información de que Ricardo ya estaba muerto, pero perdieron la pista. Más tarde visitaron al capellán militar Emilio Graselli, que confeccionaba fichas de desaparecidos y sus familiares para aportar a la inteligencia represiva. Graselli les mostró una liste de personas en las que estaban discriminados los muertos, desaparecidos o detenidos. También enviaron cartas al ministro del Interior, Albano Harguindeguy, pero no obtuvieron respuesta.
Un tiempo después Cristina recibió la visita de una persona en casa de su madre que dijo ser  y señaló que él era militante del PC, había estado 15 días secuestrado con Ricardo, que estaba bien, que podían pasarlo al PEN y que se sigan moviendo en la búsqueda por la Iglesia. Cristina primero creyó la versión, pero luego sospechó que esa persona era un represor que estaba controlando a la familia. Más tarde otra persona llegó hasta la tía de Ricardo en Lanús, le informó que su hijo había estado detenido con Chidichimo y que se movieran rápido porque lo iban a matar.
Luego la familia se vinculó a los organismos de Derechos Humanos, y la madre de Ricardo, Nélida Fiordeliza de Chidíchimo, se integró a Madres de Plaza de Mayo. Participaban de las reuniones de los organismos en la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y estuvieron presentes en varias de las misas que se realizaban para pedir por sus familiares.
En ese contexto vivieron la operación de infiltración que realizó en 1977 el genocida Alfredo Astiz en Madres, bajo la identidad falsa de Gustavo Niño. Cristina desconfió siempre de esa persona que decía tener un hermano desaparecido en Mar Del Plata. Sobre todo porque una vez Astiz en persona le había preguntado si Ricardo “anda en la joda”, que los desaparecidos “deberán estar todos muertos” y que “algo hacía si está desaparecido”. Otra vez apareció con una secuestrada a la que presentó como su hermana, alzó a Florencia en sus brazos y ofreció a Cristina llevarla a su casa después de la reunión. Ella lo rechazó. La operación terminó con el secuestro de las Madres Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce Bianco, además de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, ocurridos entre el 8 y 10 de diciembre de 1977 en la misa de la Iglesia de Santa Cruz en Capital Federal.
La testigo también relató lo que fue su vida y la de su hija posterioridad al secuestro de su marido. Dijo que en su trabajo en la Municipalidad de La Matanza le dijeron que renuncie o que le escrachaban la libreta cívica como subversiva. “Me quedé sin trabajo, sin marido y sin nada. Estaba sola y de la mano de mi hija”. Contó que sufrieron el rechazo de vecinos y amigos por tener un familiar desaparecido, y que un tiempo después de los hechos consiguió trabajo en un jardín y guardería, donde cruzó a uno de los represores que actuaron en el operativo en su casa vestido de uniforme y realizando un control en la calle. Dijo que a su hija comenzó a contarle lo sucedido con su padre desde los 4 años y que siempre le inculcó la búsqueda de justicia y no de venganza.
Además la testigo relató que la familia terminó de confirmar el paso de Ricardo por los CCD Brigada de San Justo entre su secuestro y fines de noviembre del ’76 y luego por la Brigada de Lanús en Avellaneda o “El Infierno”, gracias al aporte de la ex detenida Nilda Eloy, que había compartido cautiverio con él en el segundo sitio. Agregó que hoy también saben de otros compañeros de militancia de zona oeste que están desaparecidos y pasaron por San Justo como Jorge Congett, Mario Sidotti, Gustavo Horacio Lafleur, Héctor Galeano y José Rizzo, cuyos restos fueron identificados por el EAFF en 2009. Con esos militantes Ricardo estaba armando el Partido Auténtico. Fueron secuestrados, pasaron por la Brigada de San Justo y su caso forma parte de la acusación de este debate.
Al finalizar su testimonio Del Río pidió la continuidad de los juicios a los genocidas para que haya un aprendizaje de lo que sucedió en el país en los años del Terrorismo de Estado.


La siguiente testigo fue MARTA MOYANO, llamada a testimoniar por haber sido mencionada en el debate por la familia de Hermann y Sonia Von Schmeling, padre e hija desaparecidos desde la Brigada de San Justo, como una vecina que en la época de los hechos había ofrecido un contacto militar en la primera búsqueda de estas personas desaparecidas.
Moyano ratificó aquella afirmación y dijo que en los ’70 su marido, Horacio “Cone” Díaz, y ella tenían militancia política cercana a Montoneros. Ella tenía una tarea más restringida a lo barrial porque debía criar a sus 3 hijos. La testigo dijo que de esas tareas conocía a Herman Von Schmeling y a Marcelo “Chelo” Moglie, que compartían el espacio militante y eran vecinos del barrio Villa Udaondo. Además su marido era empleado de la empresa CADECA que gerenciaba Von Schmeling.
Relató que el 8 de octubre de 1976, mientras su marido estaba de viaje por motivos trabajo, sufrió un operativo en su casa donde varios hombres de civil ingresaron, la redujeron, la vendaron y le hicieron preguntas por Hermann y por la sala de primeros auxilios que el militante estaba construyendo con sus compañeros de militancia en el barrio. El compromiso social de su padre y esa experiencia de organización barrial fue ampliamente descripta en el debate por Hermann Von Schmeling hijo. La testigo dijo que la llevaron a marcar una casa mientras otro grupo fue a lo de los Von Schmeling. Luego la devolvieron a su casa y le dijeron que cuando llegara su marido les avisara. Para ello le dejaron un teléfono a nombre de un capitán Torres. Por testimonio de familiares de Von Schmeling se sabe que esa noche llegó un operativo a la casa familiar de Ituzaingó donde varios vehículos y personal uniformado que se presentó como “fuerzas conjuntas”, redujeron al padre, robaron pertenencias de la familia se llevaron a Hermann a la Comisaría 3ra de Castelar, donde fue torturado y tras un mes de cautiverio fue liberado.
Antes de que Moyano llamara al tal Torres los represores se comunicaron y le dijeron “Tenemos a Hermann y a Moglie, falta tu marido”. Entonces los genocidas deciden ir a instalarse a la casa de Moyano a esperar a Díaz. Finalmente Díaz fue detenido y llevado a la Comisaría de Castelar, donde su esposa pudo verlo tras ser llevada coaccionada por los represores. En Castelar Moyano también pudo ver a Cristina Ovejero, alias “Tucu”, militante de su grupo allí secuestrada. La testigo afirmó que supo que todas esas personas detenidas en Castelar, entre ellos su marido, habían sido liberadas.
Moyano dijo también que tras el secuestro de Sonia Von Schmeling, ocurrido el 28 de septiembre de 1977, ella se vinculó a la familia de la joven y ofreció su contacto militar para la búsqueda. Dijo que llamó a Torres, quien la citó en la Plaza Mitre de Morón, y cuando ella le pidió por Sonia le dijo que no sabía nada, aunque dejó entrever que quizás sería liberada. A pedido de la madre de Sonia, Moyano gestionó llevarle a Torres algunas cosas para que le entregaran a la joven detenida. La testigo dijo que hizo esa entrega y que tras verlo 3 o 4 veces más, en un encuentro de octubre del ’77, Torres le dijo que se olvidara del tema y que él tenía que irse a Córdoba. No volvió a verlo nunca más.
Moyano afirmó que para ella el tal Torres era efectivo de la Comisaría de Morón y lo describió como una persona alta, rubio, de tez blanca, de unos 35 años y que se presentaba siempre vestido de civil.
En noviembre de 1977 fue secuestrado Hermann por segunda vez. Moyano dijo que se acercó nuevamente a la familia y al intentar llamar al teléfono que le había dejado Torres la atendió otra persona que le dijo que el detenido “se fue de traslado” y que no llamara más.
En la audiencia 14 de este juicio la cuñada de Hermann, Irma Greus, dijo que Moyano ofreció a la familia sus contactos, no aclaró de qué fuerza, los hizo ilusionar con llevarle algunas cosas a la joven en su lugar de detención y hasta trajo una supuesta nota de Sonia diciendo “mamá, estoy bien”. Al ser preguntada si ella gestionó la entrega de una carta de Sonia detenida a su familia a través de Torres dijo no recordar el hecho.


El último testimonio de la jornada fue el de MIGUEL ISAAC BERENSTEIN, abogado y simpatizante del PCR que estuvo secuestrado 2 meses en la Brigada de San Justo en 1978.
El sobreviviente comenzó refiriendo que tras recibirse de abogado en la UNLP comenzó a trabajar en el año ’74, primero con un colega de La Plata y luego en Capital Federal. Posteriormente trabajó en el área de legales en un sindicato de trabajadores rurales en Marcos Paz y realizaba tareas sociales en el Complejo 17 de Ciudad Evita, La Matanza. Aclaró que tenía simpatía con sectores de izquierda y aunque no era militante estaba cercano al PCR. Vivía en Ramos Mejía con su esposa y su hijo pequeño. Producido el golpe de Estado suspendió estas actividades porque fueron secuestrados el secretario del sindicato y el intendente de Marcos Paz, Oscar Sánchez, junto a su secretario. Berenstein comenzó a presentar recursos de Habeas Corpus por estos y otros casos que le iban llegando, desde su estudio en Morón, ubicado en calle San Martín nº 186. Como abogado había actuado en el reclamo legal por el secuestro de la militante social Cirila Benítez, referente del Complejo 17. Y luego del secuestro de un grupo de personas a la salida de una misa en San Justo donde se pedía por la libertad de Benítez, también interpuso habeas corpus por esas personas. El testigo aclaró que los resultados de los recursos siempre fueron negativos y, como “la justicia no existía”, decidió encaminar el paso de las causas a la justicia penal ordinaria.
Berenstein relató que recuerda bien el día de su secuestro porque tres días antes había nacido su segunda hija y su esposa había salido de la clínica un día antes. El 18 de mayo del ’78, cuando volvía en colectivo desde el trabajo en Morón a casa fue abordado por un Falcon con 3 tipos de civil desde donde le gritaron “¡alto!”. Intentó meterse en una casa pero lo redujeron mientras de cían “¡Acá está el hijo de puta! ¡Vos sos el que anda librando cheques sin fondo!”. Él decía que era abogado, a los que le respondieron “¡qué boludo que sos! ¡Caíste!”. Así lo llevaron atado en el piso del Falcon hasta la Brigada de San Justo donde fue depositado en un calabozo y luego torturado con picana, golpeado e interrogado. Allí estuvo dos semanas con régimen de torturas dos o tres veces por día, y un especial ensañamiento por ser judío. Debió escuchar improperios como “Este es de la sinarquía internacional, de los que se quieren apoderar del mundo” o “¡Sos judío y no tenés plata!”. Así continuó hasta fin de julio, y en una oportunidad los torturadores le hablaron de su esposa y su hija y Berenstein se desmayó de la impotencia y desesperación. Cuando lo reanimaron vino un represor que la jugaba de bueno a decirle que ya sabían que era abogado, y que hablara porque todos sus compañeros ya lo habían hecho.
Aunque en San Justo siempre estuvo recluido solo, pudo comunicarse con otros detenidos, entre ellos Atilio Barberán, que le confirmó que estaba él y otros colaboradores del Complejo 17 de La Matanza, como Jorge Heuman y Amalia Marrón, Norberto Liwski, Francisco García Fernández, Raúl Petruch, Alfredo Manfredi, Elisa Moreno, Aureliano y Olga Araujo y Abel De León. En San Justo Marrón le envió un papel con un mensaje en la comida y Barberán le dijo que en breve iban a ser liberados. Al día siguiente Berenstein fue tabicado, subido a un auto, llevado a un descampado y atado a un árbol. Allí le realizaron un simulacro de fusilamiento y los represores se retiraron. El sobreviviente contó que lejos de significar la liberación, el incidente fue el paso a otra dependencia: llegó un móvil de la Comisaría de Isidro Casanova, lo destabicaron y desataron y se lo llevaron a esa sede. Aún seguía estando desaparecido, porque cuando preguntó por qué lo llevaban no le informaron nada y el Comisario ordenó que lo ubicaran en la celda. A las 72 horas lo llevaron al entrevistarse con el subcomisario, que lo atendió mientras comía y le dijo que ese lugar era una dependencia operacional del Comando del Primer Cuerpo y que estaba a disposición de un Consejo de Guerra. Tras una semana solo pudo tomar contacto con detenidos comunes y le pidió a un vendedor ambulante que si salía visara en su casa que lo había visto. Así fue, aunque le valió una curiosa reprimenda del personal de la comisaría: “¿Cómo sabe tu familia que estás acá? Vos no estás acá”. De Isidro Casanova lo llevaron a revisación médica y luego a Devoto, donde lo visitó su esposa y pudo conocer a su hija. Llegado el momento del Consejo de Guerra, que vivió en paralelo a otros secuestrados en San Justo, se negó declarar y el coronel Vasili, que presidía el tribunal, le dijo que tenían pruebas secretas contra él y que estaba acusado por hechos contemplados en la ley 20.840. Finalmente el tribunal militar se declaró incompetente y su causa fue pasada al juzgado federal del juez Anzoátegui. De Devoto fue llevado a la Unidad 9 de La Plata, donde lo visitó su familia y pudo recibir asesoramiento del abogado Jaime Lipovetzki. El sobreviviente fue finalmente liberado desde la Unidad 9 el 24 de abril del ’79. Lo soltaron a las 3 de la mañana con un papel que decía “Se pone en libertad al delincuente terrorista Miguel Berenstein”. El testigo afirmó que sabía que muchos liberados eran secuestrados a la salida de la U9 o de Devoto, aunque tomó el tren hasta Capital Federal y llegó sin problemas a su casa en Ramos Mejía.
“Aunque yo hubiera sido el peor asesino merecía Justicia” dijo el abogado, y agregó “en total fue un año, pero a mí me pareció que me quitaron varios años de mi vida”. Contó también que mientras estuvo detenido su familia la pasó muy mal económicamente. Su esposa recibió amenazas de muerte y fue obligada a renunciar en su trabajo en el Hospital Posadas. Él estuvo un tiempo sin conseguir trabajo, hasta que un amigo le dio tareas de abogado para empezar a recomponer su actividad. Con su esposa decidieron mudarse a San Bernardo, donde sufrió entre fines del ’79 y hasta 1980 el seguimiento de agentes que se le acercaron, se identificaron como integrantes del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) y le dijeron “queríamos ver cómo estabas”.
Para finalizar el testigo reflexionó “lo que se hizo fue un verdadero genocidio, por eso pido Memoria, Verdad y Justicia. Y esto que está sucediendo acá es producto de los años de lucha de los organismos de Derechos Humanos”.
En los cuatro relatos de esta audiencia se vieron reflejadas las experiencias vividas por diversos militantes sociales en cuatro años que van desde la represión ejercida por el tercer gobierno peronista en 1975 hasta los peores años de los grupos de tarea de la última dictadura. La Brigada de San Justo actuó en todo ese período, que es mucho más amplio de lo que este juicio tardío y fragmentado incluye como casos.
La próxima audiencia será el miércoles 10 de abril desde las 11 hs. Para presenciarla sólo se necesita concurrir a los Tribunales Federales de 8 y 50 con DNI.