JUICIO BRIGADA DE SAN JUSTO

El 13 de agosto comenzó en La Plata el juicio por los crímenes cometidos en el Centro Clandestino de Detención de la Brigada de Investigaciones de San Justo. El debate incluye imputaciones a 19 represores por 84 casos, 31 de los cuales corresponde a personas detenidas-desaparecidas. LAS AUDIENCIAS SON LOS MIÉRCOLES DESDE LAS 10 AM EN LOS TRIBUNALES FEDERALES DE LA PLATA, CALLE 8 Y 50. (Se extenderá hasta 2019).

domingo, 30 de diciembre de 2018

12 DE DICIEMBRE: DÉCIMO QUINTA AUDIENCIA

AUSCHWITZ DEL OESTE

Con los relatos de dos sobrevivientes del cautiverio en San Justo, dos familiares y una vecina que vio secuestrar a la familia Lavalle-Lemos, continuó el desarrollo del debate por uno de los centros clandestinos más grandes de la zona oeste del conurbano. El rol de la Brigada, no sólo como lugar de “registro” sino también de exterminio, va quedando cada vez más claro.
Por HIJOS La Plata
 
Esta nueva audiencia comenzó con el testimonio de MÓNICA QUIÑONES, vecina del barrio San Fernando del partido de José C Paz, quien presenció los momentos posteriores al secuestro en aquel lugar de la familia Lavalle-Lemos, que fue trasladada a la Brigada de San Justo y luego al Pozo de Banfield.
La testigo rememoró que en 1977 ella tenía 10 u 11 años y conocía al matrimonio de Gustavo Lavalle y Mónica Lemos, porque habían ido a vivir a un terreno lindero a su casa. Dijo que al día siguiente en que la familia fue secuestrada, la noche del 20 de julio del ’77, fueron a su casa dos vecinos que avisaron del hecho y decidieron entrar a la casa para ver qué había pasado y avisarle a los padres de los jóvenes. Así fueron un grupo de vecinos entraron al domicilio y encontraron todo revuelto: ropa, libros, muebles, un piso plástico levantado y hasta la cuna de la pequeña María, de 15 meses. Varios vecinos habían visto el operativo y fueron testigos de que se llevaron a Gustavo, a Mónica y a su hija.
“En el barrio éramos como una familia” dijo la testigo, y agregó que “eran calles de tierra, habías muy pocas casas en ese momento”. Al recordar a la pareja desaparecida señaló que “Mónica estaba esperando un bebé y era un embarazo notorio. Había una relación maravillosa con ellos, con los dos. Eran muy solidarios. Ella era maestra y colaboraba con la tarea de los chicos del barrio, les hacía el mate cocido, esas cosas”.
Los vecinos se enteraron de que estaban desaparecidos por vía de los padres de los jóvenes, que les contaron que a María la habían recuperado poco tiempo después. La pareja dejó una marca muy profunda en los vecinos, a tal punto que a pedido de ellos el concejo deliberante de José C Paz se cambió el nombre de la calle 18 de octubre, donde vivían y fueron secuestrados, que hoy se llama “Mónica y Gustavo”.
La historia del matrimonio Lavalle-Lemos ya ha sido relatada en el debate por las hijas María y María José, y por los hermanos de Gustavo, Adriana y Ariel. Todos coincidieron en que en aquel invierno del ’77 la familia completa fue secuestrada y llevada a la Brigada de San Justo, donde estuvieron 6 días en el caso de María, y los padres hasta septiembre del mismo año. María fue llevada a la casa de unos vecinos de la familia y fue recuperada por su abuelo paterno. Los padres trasladados al Pozo de Banfield, donde Mónica dio a luz a María José a comienzos de septiembre del ’77. De allí la pareja fue desaparecida y la bebé trasladada con horas de vida a la Brigada de San Justo, donde fue apropiada por la sargento de la bonaerense María Teresa González y su pareja Nelson Rubén. Tras la lucha de las familias paterna y sobre todo de la abuela materna, Haydé Vallino de Lemos, María José recuperó su identidad en 1987 y los apropiadores González y Rubén fueron condenados a 3 años de prisión en suspenso.
Pese a estar claro todo el derrotero desde hace décadas, impera la impunidad y el hecho inexplicable de que habiendo pasado toda la familia por la Brigada de San Justo, en este juicio sólo esté imputado por los 4 casos el represor Hidalgo Garzón, mientras que el grueso de los genocidas sólo recibió acusación por el caso de María Lavalle. Los jueces del TOF1 platense, que se negaron a aceptar una ampliación de la acusación realizada por las querellas al inicio del debate,  pretenden que la familia siga esperando justicia.
 
A continuación se escuchó el testimonio de LINO DANIEL AGÜERO, hermano del desaparecido Alfredo Agüero, de 17 años, secuestrado en La Tablada en 1977 y llevado primero a la Brigada de San Justo y luego al Pozo de Banfield.
Lino inició el relato narrando tres hechos que vivió la familia previo al secuestro de su hermano. En principio en agosto 1977 se presentó una persona en el restaurant-bar que tenía la familia en Ciudadela, partido de Tres de Febrero, ubicado a una cuadra del hospital local Ramón Carrillo. Esta persona, a la que conocían como “Pipo”, vino acompañado de otra. Sabían que era militante y conocido de su hermano, y que había sido secuestrado cinco días antes. En tan singular situación “Pipo” llamó a Alfredo, le presentó a su acompañante como “un amigo de la causa” y le preguntó por un conocido en común, Héctor Roldán, practicante de Enfermería del Hospital Carrillo. Alfredo le contestó que no sabía y se retiraron. En verdad se traba de José La Bruna, trabajador del  Hospital Carrillo y militante de la JTP de zona oeste secuestrado y desaparecido en agosto de 1977. Lino recordó que “Pipo” estaba “pálido y con un sobretodo que no era de él”. Luego la familia se enteró por un vecino que en el horario de cierre de media tarde del restaurant había llegado al lugar un operativo con varios autos y al ver el lugar cerrado trataron de abrir la puerta, pero se fueron. Varios testigos relataron en el juicio que el restaurant fue espacio de muchas de las reuniones políticas de militantes de la zona, como “Pipo” Labruna y “Chupete” De Iriarte, vinculados a la militancia en el hospital Carrillo y en el sindicato de ATE, cuya sede estaba al lado del bar. La misma tarde, después de las 8 de la noche volvió el operativo al restaurant, donde estaba casi toda la familia y muchos parroquianos. Los represores, 10 tipos armados y de civil, obligaron a Narciso, padre de Alfredo y Lino, a que desaloje el lugar y lo redujeron en el salón. Al resto de la familia, Lino, su hermano José y su madre en la cocina. A la mujer de Lino la llevaron a una habitación con un hijo en brazos. Los golpearon preguntando por Alfredo, y uno de los represores amenazó con llevarse a la madre si no entregan el dato. Entonces Lino dijo que estaba en casa de una tía en La Tablada, partido de La Matanza. Así fue que los represores desdoblaron el grupo, uno se quedó con la familia en el restaurant y otro salió para Tablada en un Falcon amarillo con Lino secuestrado. Lo tenían encapuchado y atado con grillete al piso del auto. Cuando llegaron lo obligaron a llamar a su hermano, que cuando llegó fue reducido y metido en el baúl del Falcon. Entonces los llevaron a un lugar donde bajaron a Alfredo, abrieron un portón y lo entraron. A Lino lo llevaron en el auto de vuelta a Ciudadela y lo liberaron. Nunca más volvieron a ver a Alfredo aunque comenzaron la búsqueda al instante. En una oportunidad en que Lino fue a San Justo, vio el Falcon amarillo salir de la Brigada de San Justo y aportó el dato a su padre, que hizo interceder a un comisario amigo ante los represores de San Justo. Allá lo recibió un policía apellidado Ruiz y le dijo que estaba detenido pero que “no se puede hacer nada” porque estaba a disposición del Comando Zona I del Ejército. Lo mismo le dijo el jefe de la Brigada, comisario Oscar Antonio Penna. Narciso escribió también varias cartas al ministerio del Interior y al propio genocida Jorge Rafael Videla. Además fue con su hijo en diciembre del ’77 a la Jefatura de Policía de la bonaerense en La Plata, donde lo recibió el represor Miguel Etchecolatz, imputado en este juicio. “Yo escuché la conversación desde afuera”, dijo Lino Agüero en el debate y agregó que “Etchecolatz le gritaba que mi hermano no era ningún menor de edad. ‘Tu hijo es un montonero y ha sido ajusticiado’ le dijo a mi padre, y cuando le pidió el cuerpo le respondió que ‘si uno comete un asesinato, se protege para que no lo encuentren’”. En esas gestiones en la sede de la Dirección de Investigaciones, que duraron casi un año, una vez Narciso reconoció en fotografías que les exhibieron a 5 de los integrantes del operativo que secuestró a Alfredo. El hecho no tuvo ninguna consecuencia y por el paso del tiempo con impunidad Narciso no podrá repetir ese dato en el debate, pero su testimonio está agregado a la causa. 

Su hijo Lino agregó en el debate que además hicieron gestiones en Casa Rosada, donde les concedió una entrevista Videla, pero los recibió un capitán Fernández que le dijo a Lino que no había causa ni pedido de detención contra su hermano. Pero además lo amenazaron y le dieron una paliza para que no vuelva nunca más.
Lino afirmó también que la familia consiguió el dato de que Alfredo había sido llevado a la Brigada de Investigaciones de Banfield e intentaron ir al lugar, pero no los dejaron llegar.
El testigo recordó muy bien a cada uno de los 4 genocidas que lo llevaron en el viaje a secuestrar a su hermano, los describió uno por uno y distinguió sus roles. Al momento de exhibírsele fotos los reconoció como Néstor Soria, Domingo Cida, y los imputados en este juicio Ricardo Juan García y Héctor Horacio Carrera.
 
El siguiente testimonio correspondió a JOSÉ EDUARDO MORENO, uno de los tres integrantes de la familia que sufrió y sobrevivió el cautiverio en la Brigada de San Justo. José Eduardo es hijo de Antonio Domingo Moreno y sobrino de José “Pepe” Moreno  Delgado. Los Moreno eran una familia numerosa que tenía una carpintería en calle San Martín al 4001 del barrio parque San Martín del partido de Merlo. Allí trabajaban Antonio, “Pepe” y José Eduardo realizando muebles a pedido y otras tareas. Y la familia tenía su vivienda en el fondo del local. Conocían a los Gambero-Ianotti porque eran vecinos: José Gambero les arreglaba los motores eléctricos de la carpintería y María Elena Ianotti era clienta. Los Moreno simpatizaban con el PC, del que María Elena era tesorera, y compraban el diario “Nuestra Propuesta”, pero no participaban activamente de la militancia política.
José Eduardo contó que el 14 de septiembre de 1977, cuando tenía 23 años, su padre estaba construyendo su casa a pocas cuadras del negocio y él fue hasta allí en bicicleta a llevarle unos materiales al plomero. Cuando regresó eran las dos de la tarde y ya estaba el operativo desplegado. Un represor le preguntó qué hacía allí y él le respondió que vivía ahí. “¡Acá tenés a otro!”, fue la respuesta y lo metieron dentro de la carpintería a puro culatazo de Fal. Adentro estaban sus familiares y Ianotti, que había ido a buscar unos muebles de cocina que había encargado. Además el resto de la familia fue retenida y amedrentada en la vivienda, igual que algunos clientes que llegaban al lugar. Tras ser retenidos un tiempo Antonio, “Pepe”, José Eduardo y Ianotti fueron tabicados y ubicados en una camioneta Dodge azul con caja cerrada y trasladados a la Brigada de San Justo. Allí los bajan y los retienen un rato en el piso hasta que comienzan las torturas. José Eduardo fue llevado a una sala y atormentado mientras le preguntaban por un tal “Tito bigote”, “¿cuántos embutes hicieron?” y especialmente por una mesas de doble fondo. El testigo explicó que un tiempo antes un ex empleado de la carpintería había fabricado unas mesas con doble fondo que, según había dicho, eran para un corredor de seguros que necesitaba guardar documentos. Algunas de esas mesas quedaron sin terminar, y fueron halladas en el operativo en la carpintería. Moreno detalló que mucho después supo que una de esas mesas había caído en un allanamiento en Córdoba a militantes montoneros y los represores venían siguiéndole el rastro hasta dar con ellos. El testigo describió al detalle las torturas sufridas en San Justo, incluido el procedimiento de introducirle una cuchara metálica en el ano y luego aplicarle corriente. Después de eso Moreno estuvo 2 días en un calabozo solo, tras lo cual lo juntaron en una celda con sus familiares, Ianotti y otras personas, de las que recuerda a Alfredo Agüero, Enrique Iglesias, Jorge Catanese, Enrique “Pluma” Rodríguez Ramírez, Osvaldo Raúl “Café” Corrales, Raúl Fahyt y alguien apodado “Virulana”. Todos ellos, excepto “Virulana”, son caso en este juicio.
Tras 15 días en San Justo, los tres Moreno fueron trasladados al “Pozo de Banfield” en la misma Dodge azul que los llevó al primer lugar de detención. El destino de María Elena Ianotti de Gambero se perdió en Banfield, donde también fue vista por los sobrevivientes Liliana Zambano y Nieves Luján Acosta. Tras otras dos semanas en Banfield fueron llevados en un camión celular de la Policía bonaerense a la Comisaría 3ra de Valentín Alsina. Después de pasar otros 15 días en Lanús, fueron liberados en Camino de Cintura. José Eduardo afirmó que al volver a su casa se enteró que el día del operativo se habían llevado a la Brigada a su mujer, Ana María Fontana, cuando llegó a la casa y que el operativo duró hasta las 20hs. Fontana fue liberada al otro día.
Para finalizar Moreno realizó el reconocimiento de varios represores en el álbum que se le exhibió, entre ellos a Jorge Sixto Ceballos, Ángel Eduardo Amurad y a uno que dirigía el operativo en su casa y la tortura en el CCD como Ricardo Juan García. El testigo finalizó diciendo: “Me gustaría que esto tenga un final para poder cerrar una etapa de mi vida que fue y sigue siendo muy dura”. Y refiriéndose a los represores imputados agregó: “Me hubiera gustado tener la garantías que estos señores tienen ahora”.
 
Para completar el relato de lo sufrido por la familia, se escuchó a ERNESTO MORENO, hermano de José Eduardo e hijo de José “Pepe” Moreno que al momento de los hechos tenía 5 años. Ernesto exhibió dos fotos como homenaje a las víctimas que ya no están. En una se ve a su tío y su abuelo en el taller de la carpintería, ambos ya fallecidos, y en la otra a la pareja de María Elena Ianotti, desaparecida y caso en este juicio, y Jorge Gambero, que falleció hace poco tiempo.
Ernesto contó que recuerda que aquella tarde de septiembre del ’77 estaba jugando en la terraza, escuchó ruidos, se asomó hacia la calle por una pared y vio un grupo de autos, una camioneta furgón y varios hombres armados. Cuando bajó para buscar a su madre los represores ya estaban adentro y habían separado a los hombres. Su abuelo, su hermano, sus tíos y un empleado del negocio estaban encapuchados. Ernesto corrió con su mamá, a la que llevaron a la cocina de la casa y sentaron en una silla. Mientras tanto seguían llegando al lugar clientes, que automáticamente eran metidos adentro y recibían el mismo trato: golpes, insultos y tabicamiento. El testigo recordó que cuando se acabaron las capuchas comenzaron a usar unos trapos de lustrar muebles de la carpintería como tabique.
Ernesto no pudo ver el momento en que se llevaron a sus familiares, ya que cuando su madre lo mandó a espiar sólo pudo ver unos muebles revueltos y nada más. Sí recuerda que uno de los represores le dijo a su mamá cínicamente “Cuidado que el velador de la pie da electricidad”. El testigo reconoció a ese represor como Néstor Alberto Ciaramela en el álbum de fotos que se le exhibió.
Además recordó que su madre y Jorge Gambero  realizaron varias gestiones para averiguar por sus familiares. Incluso contó una anécdota en que con su mamá y una tía fueron caminando hasta la sede del GIBA, dependiente de Fuerza Aérea. Sumó que tropas del GIBA realizaron inteligencia en su casa rondando a toda hora y que hicieron allanamientos donde hasta levantaron la tapa de la bomba de agua para revisarla. En clara coincidencia, otros testigos en el juicio han mencionado la camioneta azul del GIBA como interviniente en los operativos.
Sobre el regreso de sus familiares secuestrados tras 45 días de cautiverio, Ernesto recordó que fue una noche que ya estaban con su mamá acostados y vio que su papá se asomó por la puerta de la pieza: “no lo podía creer. Yo me había hecho la idea de que no volvían más”, dijo el testigo. Ernesto cerró su exposición pidiendo condena a los responsable por su lo que vivieron su padre, su tío, su abuelo, por la desaparecida María Elena Ianotti, por su compañero Jorge Gambero que murió buscando justicia y por los 30 mil.
 
El último testimonio lo realizó el sobreviviente RICARDO CABELLO, que estuvo detenido en la Comisaría 1ra de La Matanza, ubicada al lado de la sede de la Brigada de San Justo. Cabello relató que fue secuestrado de la casa de sus padres en Bernal en 1977. Tenía 15 años y se reivindicaba militante, primero de la JP y luego del PRT, para quien repartía la prensa de la organización. Vivía con sus padres y sus hermanos en una casa humilde que no tenía puertas por el lado trasero. Así fue que la noche del 25 de agosto se despertó con el grupo de tareas metido en su casa y un represor apuntándole en la cabeza. De allí fue llevado en una cupé chevy blanca al CCD “El Vesubio” ubicado en Autopista Ricchieri y camino de cintura. En este lugar pasó dos meses, sufrió torturas con picana, interrogatorios y estuvo encadenado.  El dato de que estuvo en Vesubio se lo confirmó años después por deducciones Carlos “Maco” Somigliana del Equipo Argentino de Antropología Forense. De allí lo sacaron y lo trasladaron en un auto a la Comisaría 1ra de La Matanza, ubicada en el edificio contiguo a la Brigada, en calle Salta 2450, San Justo.
Compartió el traslado con Cayetano Alberto Castrogiovani, que es víctima y caso en este juicio. Él lo conocía porque era vecino del barrio desde chico y en un tiempo fue simpatizante de la JP, haciendo pintadas y otras tareas militantes. Castrogiovani testimonió dos veces ante la justicia federal platense en diciembre de 2008, y dijo que fue secuestrado el 23 de septiembre del ’77 en casa de sus padres en Bernal, a los 16 años, llevado al “Pozo de Banfield”, al regimiento de Monte Chingolo, al “Vesubio”, a la Comisaría de San Justo y luego blanqueado a la Unidad 9.
Cuando llegaron a la dependencia de San Justo, el 10 de octubre del ’77, abrieron un portón y los entraron. Cabello describió el régimen de la Comisaría 1ra planteado con un funcionamiento natural, como si no estuvieran recibiendo secuestrados por razones políticas y, con ello, siendo parte activa del plan represivo del Terrorismo de Estado. “Estaban todos de uniforme y a cara descubierta”, dijo y agregó que allí no recibió torturas. Agregó que como venían de “Vesubio” sucios, en el caso de él con sarna, y llenos de piojos fue llevado al fondo de la dependencia, donde había un patio con un baño, donde lo hicieron lavarse y cambiarse. Aprovechó allí para ver el edificio contiguo de la Brigada, con el que la comisaría compartía unos calabozos. Pasó en la Comisaría 1ra un año, y pudo ser testigo de las atrocidades que se cometían desde la Brigada. Tal el hecho que contó que un día hubo mucho revuelo en ambas dependencias, y pudo ver por la medianera que trajeron a dos detenidos ilegales en presencia de los comisarios Oscar Penna, Francisco Antonio Cacciabue y otros represores. Ese día, que ubica en octubre o noviembre del ’77, él pensaba que lo iban a sacar, pero lo llevaron a entrevistarse con un capitán del Ejército muy violento y sobrador. Lo atendió con los pies en el escritorio y comenzó a interpelarlo fuertemente. Cabello dijo que de inmediato insultó al capitán por no soportar el “verdugueo”, lo que generó que este se enfureciera y sacara una pistola con intenciones de balearlo. En ese momento fue retirado de la sala por un cabo de la 1ra. Al otro día le trajeron el diario y vio que habían ejecutado a dos personas que la prensa cómplice daba como “guerrilleros abatidos” y que, supone, eran las que él había visto ingresar tiempo antes. Uno de los celadores de la 1ra le dijo “acá te iban a matar a vos”. Entonces entendió, según dijo, que la discusión con el capitán del Ejército había sido un intento fallido de canjearlo a ellos por las personas ejecutadas. Luego supo que el militar pertenecía al regimiento de infantería de Ciudadela, que su madre lo había visitado para pero pedir por él pero le respondió que no salía más por haberlo insultado.
El testigo relató que además de su propia historia tiene un hermano llamado Nelson Valentín cabello, que fue militante del PRT y fue secuestrado en su casa de Valentín Alsina el 9 de abril del ’76 con otras 7 personas. Sin certeza hasta hoy de por dónde pasó detenido, dijo que su cuerpo fue hallado en las costas de Rocha, Uruguay, el mismo mes. Por el caso de su hermano Cabello declaró en el Juicio por la Verdad de La Plata en abril de 2010.
El sobreviviente concluyó contando que en el año ’78 fue derivado a la Unidad 9, luego puesto a disposición del PEN y liberado. Al serle exhibido el álbum de represores de San Justo reconoció al policía Roberto Suárez como uno de los que estaba en la Comisaría 1ra de La Matanza.
La situación de esa dependencia como Centro Clandestino de Detención integrante del circuito represivo del oeste está clara, ya que tanto Cabello como Castrogiovani son parte de esta causa como víctimas y sus casos forman parte de la acusación contra 15 represores juzgados, pese a no haber pasado estrictamente por la Brigada de San Justo. La centralización y planificación de la represión exigen tomar los casos como unidad, lo que no siempre es respetado por los amplios criterios de fiscales y jueces. Esta vez el derecho, la verdad y el sentido común van juntos.
 
La última audiencia del año será el miércoles 19 de diciembre desde las 12 hs (el juicio continúa después de la feria judicial de verano). Para presenciarla sólo se necesita concurrir a los Tribunales Federales de 8 y 50 con DNI.

05 DE DICIEMBRE: DÉCIMO CUARTA AUDIENCIA

SOBREVIVIENTES
 
Continuó el debate con los testimonios de dos ex detenidas y una compañera de colegio de uno de los desaparecidos de la UES zona oeste.  La brutalidad de la acción genocida y la ajustada coordinación represiva van quedando cada vez más al descubierto en el debate.
 Por HIJOS La Plata
 


Tras 2 horas y media de demora de los jueces del Tribunal Oral 1 de La Plata para dar inicio a lo pautado, la audiencia comenzó con el testimonio de ZORAIDA MARTÍN, ex detenida desaparecida en 3 CCD de la zona oeste y hermana de Adriana, ex detenida de la Brigada de San Justo y caso en este juicio.
Zoraida comenzó afirmando que habla como sobreviviente del Terrorismo de Estado en el circuito represivo de zona oeste. La casa familiar en Villa Udaondo, en Morón -hoy Ituzaingó-,  fue allanada el 16 de diciembre de 1976 por un operativo de la Fuerza Aérea. En aquella oportunidad  la buscaban a ella, militante secundaria de 16 años,  pero no se encontraba puesto que estaba en una reunión política. Entonces se llevaron a su hermana Adriana, de 14 años, que fue llevada a la Comisaría 3ra de Castelar por 2 meses.
A raíz de esa situación, Zoraida se refugió en Godoy Cruz, Mendoza, donde igualmente fue secuestrada en enero de 1977 y traída e avión desde El Plumerillo a la Base Aérea del Palomar, luego a la 3ra de Castelar, donde pudo saber que estaba su hermana, y finalmente a Mansión Seré. Fue liberada en 28 de diciembre del ’77 en un basural en la localidad de Bancalari, cerca del río Reconquista y el camino del Buen Ayre.
El 29 de septiembre del ’77 Adriana fue nuevamente secuestrada de la casa de sus padres y estuvo 4 meses desaparecida en la Brigada de San Justo ypudo reconocer a muchos de sus compañeros de la UES en el cautiverio.  Zoraida relató que cuando fue liberada su hermana “estaba transparente, pelada, sin dientes, no podía caminar sin ayuda, fue algo terrible. Nos decía balbuceando que quería ir a avisar a la casa de los compañeros”. Pese a lo lamentable del momento, cuando Adriana se recuperó pudieron ir a la casa de las familias Von Schmeling, Moglie y Fernández a contar que había visto a sus hijos en San Justo.
Sobre Juan Alejandro Fernández recordó que después del primer secuestro de su hermana “Juancito pasaba por mi casa para ver qué necesitaban mi madre y mis hermanos más chicos. Era oficial montonero y sabía que no podía ni pisar. Rescato su solidaridad como militante”.
La casa de la familia Martín era el lugar de muchas reuniones del grupo de militantes secundarios de la UES zona oeste. Esa casa sufrió 13 allanamientos: con ello vivieron los secuestros y torturas de las dos hijas, del padre Manuel y secuelas en los hermanos Sergio y Gustavo. De hecho tanto Zoraida como Adriana afirmaron que posterior a su liberación vivieron vigiladas bajo órbita de aquella fuerza.
El padre de las militantes, Manuel Martín, fue secuestrado un mes después que Adriana y liberado a fines del ’77. Pese a las secuelas físicas que le dejó la tortura les pudo transmitir que presenció el castigo hasta la muerte que sufrió Herman Von Schmeling, con quien compartió la celda.  A su vez, Adriana vivió los últimos momentos con vida de Rubén Cabral, compañero de Zoraida y militante montonero apodado “Guli”, que había sido secuestrado en septiembre del ’77 y es caso en este juicio. “Yo estaba comprometida con él”, dijo Zoraida, “yo pensaba casarme y tener hijos, pero arruinaron mi proyecto de vida. Mi hermana me contó que a Rubén lo picanearon tanto que no iba a sobrevivir, estaba podrido por la picana”. Al recordar a su compañero dijo que “era ingeniero de sistemas, un genio, una persona con mucha paciencia. Lo habían mandado de la columna norte de Montoneros a la oeste y tuvo que empezar de cero, hacía pastones y actividades en la sociedad de fomento”. Finalmente afirmó que Adriana “me dijo también que en San Justo tomaban lista a los detenidos y en un momento no lo mencionaron más. A Mansión Seré lo llevaron en octubre del ’77 sólo para cerrar el círculo”.
Zoraida contó que al momento en que empezó la represión fuerte ella hacía 4 años que militaba en la UES y era parte de la “territorial” de Montoneros. “Los pibes de la UES eran compañeros míos”, dijo, y agregó que “el ‘Indio’ Aibar, ‘Polenta’ Perez  y ‘Chelo’ Moglie estaban conmigo en la ‘territorial’, habían ascendido en sus responsabilidades”. También reseñó la matanza de por lo menos 6 de esos compañeros secuestrados en San Justo que le relató su hermana: “a Sonia y a mi hermana las sacaron juntas. Los llevaron a todo el grupo a un basural y los fusilaron”. En el testimonio ya brindado en el debate, Adriana había ubicado esa matanza el 28 de diciembre del ’77, y describió que a todo el grupo de jóvenes los sacaron tabicados en distintos autos, tras un largo trayecto los bajan y escucha “¡arrodilláte!”, seguido de ráfagas de disparos a su lado. Luego corridas y gritos y la orden “¡súbanlos!”. A ella le gatillaron 3 o 4 veces en la cabeza, se desmayó y luego despertó nuevamente en la celda de la Brigada.
Zoraida también relató la reducción a la servidumbre, las violaciones sexuales sufridas por ella y su hermana en cautiverio y las secuelas que les dejaron: “para nosotros los militantes políticos era un quiebre en la psiquis, algo que no se puede tolerar. También hubo violaciones en la 3ra de Castelar. Mi hermana fue violada con la introducción de picana en la vagina, le destruyeron una de las trompas y tuvo que hacer tratamiento muchos años. Tuvo un embarazo psicológico. La Fuerza Aérea ya violaba como parte de la tortura”, señaló.
Sobre el lugar en que fue liberada, el basural de relleno de Bancalari, agregó que era habitual que allí aparecieran cuerpos de personas secuestradas, que ahí se fraguaban enfrentamientos y que hace algunos años pudo reconocer el lugar con el Equipo Argentino de Antropología Forense. Lo describió como un triángulo operacional entre el Batallón 601 del Ejército, la Fuerza Aérea y la Regional de Inteligencia de la Policía bonaerense (RIBA).
Sobre la coordinación represiva en la zona Zoraida recordó la existencia de la denominada “Orden Provincia 2/76”, del Comando de Operaciones Aéreas, que implicó el accionar autónomo de la Fuerza Aérea como mando operacional para el exterminio en la zona oeste.
Con este testimonio Zoraida Martín participó en 4 juicios orales, aportó a la condena de algunos de los verdugos de la zona oeste. “Parte de mi vida está en este juicio por la Brigada de San Justo”, concluyó.
 
A continuación se escuchó el relato de IRMA GREUS, cuñada del militante montonero Herman Von Schmeling y tía de la estudiante secundaria Sonia Von Schmeling, ambos desaparecidos y caso en este debate. La testigo relató la coordinación evidente que hubo en los secuestros de sus familiares y el cautiverio que sufrió ella, su padre, su madre y su tío como parte de la persecución a la familia.
En principio destacó que la noche anterior al secuestro de Sonia, ocurrida el 28 de septiembre del ’77, ella estaba estudiando en su casa cuando llegó un operativo de gente armada que dijo que buscaba a Herman, padre de la joven de 16 años. Herman había vivido con su familia cerca del domicilio de Irma, pero luego de haber sufrido una primera detención y torturas en la 3ra de Castelar en octubre del ’76 se había mudado a otra casa en Olivos. Greus desconocía la dirección y debió sufrir la presencia del grupo operativo mientras buscaba la dirección en sus anotadores. Cuando la encontró proporcionó el dato y los represores se comunicaron entre ellos para pasarlo. Pero no se fueron, se quedaron una hora más y recién se retiraron la madrugada del 28 de septiembre.  Entonces Greus se comunicó con la casa de su hermana y Herman, que le dijeron que habían secuestrado a Sonia, diciendo que la llevaban solo por “unas averiguaciones”. Tras esto, Irma acompañó a su cuñado a realizar gestiones ante la iglesia y el Ejército por el paradero de Sonia. Pero nunca tuvieron respuesta. Sólo una vecina, llamada Marta Moyano, dijo a la familia que tenía contactos, no acaró en qué fuerza, los hizo ilusionar con llevarle algunas cosas a la joven en su lugar de detención y hasta trajo una supuesta nota de Sonia diciendo “mamá, estoy bien”. Al reconfirmar este dato sobre esta vecina, que ya había sido aportado por Herman Von Schmeling hijo en su testimonio, la fiscalía pidió al tribunal que se cite a declarar a esa persona.
Tras esto, el 15 de noviembre del ’77 fue secuestrado Herman Von Schmeling padre cuando iba de su casa al trabajo. Entonces la noche del 16 de noviembre Irma se fue a acompañar a su hermana en Olivos, que había quedado sola con sus otros hijos, incluida una bebé recién nacida. Pero debía cumplir con su trabajo en la empresa Massalin & Celasco, subsidiaria de la Philip Morris en Villa del Parque, Capital Federal. La mañana del 17 de noviembre, luego de llegar tarde al trabajo recibió una curiosa llamada de su hermana preguntando si estaba bien. Su hermana le contó que la había llamado su madre, que no tenía teléfono en la casa, que tenía una voz rara, y que cuando le preguntó qué le pasaba cortó. Entonces Irma decidió volver a su casa y allí el portero le informó que la buscaban. Así tuvo que enfrentar a 2 tipos de civil con bigotes y armados que la encapucharon y la trasladaron en un Jeep verde militar a lo que, dan todos los indicios, sería la Brigada de San Justo: 45 minutos de viaje, un ingreso con portón, una sala en planta baja con escalón, luego un piso liso, una escalera con curva y finalmente una sala en primer piso con escritorio. Allí fue interrogada encapuchada y sentada en una silla con apoyabrazos, con preguntas sobre su casa, su familia y su trabajo. Además le dijeron que a Herman y a Sonia los iban a “trasladar”. Luego uno dijo “esta no sabe nada”. Entonces la bajaron, la volvieron a subir al Jeep y la dejaron en Avenida Rivadavia al 17.000 diciendo “tuviste suerte, esto no pasa con nadie”. Entonces develó el curioso llamado de su madre a su hermana: cuando volvió a su casa se enteró que la noche del 16 de noviembre los represores habían ido a casa de su madre preguntando por ella, y como no estaba se habían llevado a su madre, su padre y su tío político a un lugar donde fueron maltratados e interrogados, que también da todas las características de la Brigada. A la madre le dijeron que a Herman lo tenían “medio muerto de la paliza que le dimos”, y la hicieron subir una escalera hasta una habitación donde la obligaron a llamar por teléfono con un arma en la sien. Luego, siempre la mañana del 17 de noviembre, llevaron al tío secuestrado a marcar a Irma al ingreso del trabajo, cosa que no pudo hacer porque ella ese día llegó tarde. Por ese episodio, que fue interpretado como falta de colaboración, el tío sufrió torturas con picana eléctrica ya de vuelta en el lugar de confinamiento. Luego los padres y el tío fueron liberados.
Irma Greus aportó tres datos más sobre el lugar en que estuvo ella y el grupo de su padre, madre y tío. Dijo que en el año ’78 conoció a la sobreviviente Adriana Martín y le contó que había estado con Sonia y “Chelo” Moglie en la misma celda de San Justo. Además afirmó que su madre le comentó que en el lugar de detención parecía estar contiguo a una escuela, porque se escuchaba la rutina del recreo alternado con silencios de clase. Sumó que fue una vez con su sobrino, Herman hijo, a la Brigada de San Justo y vio que daban todas las características de lo que ella recordaba, pero que no podía tener total certeza porque siempre estuvo encapuchada. Además vio unos buzones ciegos que tenían agujero tipo mirilla de observación, y recordó que Martín le había dicho que Sonia había visto pasar a su abuela detenida por el pasillo de San Justo, la reconoció, se puso muy mal y dijo “¡Por qué a mi abuela también!”.
La testigo pidió condenas ejemplares para los imputados en el debate y los comparó con los nazis: “Pido que se haga justicia por lo que hemos vivido. Que si hay responsables, que esté presos. Mi hermana murió hace 6 años. Arruinaron la vida de toda mi familia. Nos quitaron la vida de dos personas, pero nos quitaron años de vida a toda la familia”, concluyó.
 
El último testimonio de la jornada fue el de MABEL CUADRADO, ex integrante de la UES zona oeste y compañera de curso del militante secundario desaparecido Juan Alejandro Fernández. La testigo contó que ingresó al colegio San Francisco Solano de Ituzaingó en 2º año, y que para 4º, en 1976, se activó la elección de delegados y la formación de la UES en el colegio. Los compañeros la aclamaron a ella, y en la votación fue electa delegada y Juan Alejandro Fernández subdelegado. “Juan me explicó el rol del delegado. Él llevaba la voz cantante. Tenía volantes y los repartía. No se relacionaba mucho, era muy callado” refirió. También contó que como iban al colegio de mañana las reuniones políticas se hacían a la tarde en un bar a la vuelta de la institución. La testigo dijo que su padre, Marcos Cuadrado, era personal civil de la Fuerza Aérea, trabajaba como electricista, y no le permitía tener actividades políticas. Sin embargo ella iba a algunas reuniones a escondidas. “Juan iba a las reuniones políticas de la UES en Capital Federal y traía los informe”, dijo. Un día que ubica como de octubre del ’76 Mabel llegó tarde, se metió al bar y cuando salió vio dos autos y unos tipos golpeando al grupo de la UES. A Juan lo habían metido dentro del auto para secuestrarlo. Mabel se metió en el forcejeo. La agarraron de los pelos para subirla al auto y pudo ver que algunos de los atacantes usaban borceguíes. Entonces un vecino que tenía una inmobiliaria realizó un disparo al aire, Juan aprovechó para zafarse y bajar del auto, y los represores escaparon del lugar. Ese día no entraron a la escuela y Mabel ocultó lo sucedido en su casa. Pensaba que se trataba de un hecho común. “Al día siguiente pusieron una bomba en la inmobiliaria, se rompieron los vidrios de la escuela y murió la señora y el hijo del dueño”, dijo Cuadrado. Ese mismo día su padre llegó antes del trabajo y le dio una paliza mientras gritaba “antes que la maten ellos la mato yo”. Entonces los padres decidieron llevarla escondida a Córdoba por el resto del año. “Viví con mucha soledad y odio a mis padres. Pensé que me estaban castigando por una mentira de juventud, pero en realidad me estaban protegiendo”, señaló. Ya en el verano del ’77 los padres la hicieron rendir las materias libres y pasó de año. Continuaba relacionada con los chicos de la UES pero en mucha menor medida. Después comenzaron a hacer tareas comunitarias, como limpiar vidrios de autos y cortar el pasto, para juntar dinero para el viaje de egresados a Córdoba. “Juan no iba mucho porque tenía muchas reuniones políticas”. Antes del viaje de egresados iban a hacer una excursión por el día del estudiante del año ’77. Estando todo listo notaron que Juan no llegaba y el colectivo se retrasó. Entonces vieron que llegó la madre de Juan y avisó al colegio que sus dos hijos Juan Alejandro y Jorge Luis habían sido secuestrados.

A testigo recordó además que a comienzos del ’77 Juan le había pedido que ella se concentrara en la militancia de la UES porque él se iba a hacer tareas con un grupo cristiano. En realidad, como contaron sus hermanos José Gabriel y Marcela en la cuarta audiencia de este juicio, la familia lo estaba enviando en salvoconducto con un grupo juvenil de una parroquia de Moreno e iba a viajar a fines del ’77 para realizar tareas sociales. No llegó porque fue secuestrado junto a su hermano. Estaban preparando la celebración estudiantil de la primavera, y la noche del 19 de septiembre de 1977 un grupo de personas armadas irrumpió en la casa familiar de Castelar en el entonces partido de Morón, hoy Ituzaingó. La patota entró con violencia y preguntando por “Rulo Ramírez”, que en realidad era Enrique Rodríguez Ramírez (para sus compañeros “Pluma”) otro militante de la UES secuestrado esa noche y desaparecido. De hecho, en lo que podría calificarse como “la otra Noche de los Lápices”, entre el 16 y el 29 de septiembre del ’77 fueron secuestrados los hermanos Fernández, Alejandro Aibar, Marcelo “Chelo” Moglie, Enrique “Pluma” Rodríguez Ramírez, Ricardo “Polenta” Pérez, Adriana Cristina Martín y Sonia Von Schmeling, entre otros. La mayoría de los integrantes de ese grupo fueron sacados de la Brigada de San Justo y asesinados como detallaron las hermanas Martín en el debate. Estos relatos habilitan la posibilidad de ampliar la acusación sobre los represores imputados por los homicidios de estas víctimas, ya que hoy sólo se contemplan los secuestros y torturas sufridas por ellos sufridas.
 
La próxima audiencia será el miércoles 12 de diciembre desde las 10 hs. Para presenciarla sólo se necesita concurrir a los Tribunales Federales de 8 y 50, La Plata, con DNI.

28 DE NOVIEMBRE: DÉCIMA TERCERA AUDIENCIA

MEMORIA DE LOS COMPAÑEROS

Con los testimonios de un sobreviviente que vio a varios secuestrados que venían de San Justo, un ex militante de base que compartió actividad política con ellos y el hijo de un trabajador desaparecido, continuó el debate por uno de los CCD más grandes del Terrorismo de Estado en la zona oeste del conurbano.
Por HIJOS La Plata


En primer término se escuchó el testimonio de NIEVES LUJÁN ACOSTA, sobreviviente de 3 Centros Clandestino de Detención del “Circuito Camps” que brindó un relato breve, de no más de 10 minutos, especificando sobre su conocimiento de algunas personas desaparecidas que son caso como víctimas en este juicio.
El testigo, albañil y en los ’70 militante platense en la Unidad Básica Capoano Martínez del barrio platense de Tolosa, contó que fue secuestrado en su casa el 3 de agosto de 1977. Fue llevado a la Brigada de Investigaciones de La Plata en 55 entre 13 y 14, donde permaneció 1 mes, luego trasladado al Pozo de Banfield, donde estuvo poco más de 1 mes, y finalmente pasó 15 meses en la Comisaría 3ra de Lanús, en Valentín Alsina.
En la Brigada platense Acosta sufrió torturas e interrogatorios sobre su actividad en el barrio, que se reducía a tareas comunitarias como hacer tendidos de luz, de agua o colaborar realizando las veredas a los vecinos. En Banfield  compartió cautiverio en el mismo calabozo con los desaparecidos Santiago Cañas y Roberto Aued, y pudo saber de otros detenidos como Alfredo Narciso Agüero, Jorge Catanese y los hermanos Moreno Delgado.
Con sólo 17 años, Agüero militaba en Juventud Universitaria Peronista (JUP). Había sido secuestrado el 29 de agosto de 1977 en casa de una tía suya en Villa Insuperable. Hasta allí llegaron los represores con su hermano Lino, secuestrado para marcar la casa donde estaba. Antes habían ido al restaurant de la familia en Ciudadela, Tres de Febrero, y habían reducido a todo el grupo: el padre Narciso, la madre, los hermanos Lino y Jorge, una cuñada y los sobrinos. Por testimonios de sobrevivientes se sabe que Alfredo estuvo en la Brigada de San Justo desde el momento de su secuestro y hasta fines de septiembre del ’77. “Agüero me comentó que el papá tenía un restaurant en Ciudadela, donde él trabajaba, y que lo secuestraron”, dijo Acosta en la audiencia. El caso de Alfredo Agüero integró la acusación de la causa 44/85 contra la cúpula de la bonaerense. Ahora se juzga en específico su cautiverio en la Brigada de San Justo. Sobre su paso por las Brigadas de San Justo y Banfield queda escuchar en el debate los testimonios de su hermano Lino, que fue testigo ocular del secuestro y traslado a San Justo, y de los Moreno Delgado, quienes compartieron cautiverio y fueron trasladados con Alfredo. Estos testimonios están estipulados para la audiencia de la segunda semana de diciembre.

Sobre los hermanos José y Antonio Moreno Delgado, también caso en este juicio, el testigo recordó que tenían un taller de carpintería en calle San Martín de Merlo, donde trabajaban con el hijo de uno de ellos. Allí fueron secuestrados junto a María Elena Ianotti el 14 de septiembre del ‘77. Acosta afirmó que “eran de San Martín, pero no recuerdo si me dijeron que estuvieron en San Justo. También lo vi a Catanese, pero no sé de dónde venía”. Jorge Catanese, luchador de catch apodado “Yolanka” por el personaje que desempeñaba en esa actividad, militaba en Montoneros, fue secuestrado el 15 de septiembre del ’77, pasó poco más de una semana en la Brigada de San Justo y luego fue llevado a Banfield. Continúa desaparecido y conforma el caso Nº18 de la acusación contra 9 de los represores juzgados en este debate.
Además Acosta se acordó a una pareja de quienes solo recuerda los apodos: una chica a la que le decían “Rata”, que llegó a Banfield y recién había tenido un bebé y su compañero “Palito”.
Nieves Luján Acosta declaró en Juicio por la Verdad en 1999 y en el juicio denominado “Circuito Camps” de 2012, donde por su paso por la Brigada platense fueron condenados Miguel Etchecolatz y otros 4 genocidas. Por fuera de este juicio Acosta es testigo esencial del asesinato de Daniel Mariani, el hijo de Chicha Chorobik de Mariani, porque militaba con él, con el matrimonio desaparecido de Roberto Aued y Graciela Médici, quienes le contaron en Banfield que vieron caer asesinado a Mariani mientras huía de un operativo que los venía a buscar en agosto de 1977. El hecho se investiga en la causa Nº 202/2010 de los tribunales federales platenses.
En segundo turno se escuchó a ESTEBAN RODRÍGUEZ, militante de base de la JP en los ’70 en Ciudadela, partido de Tres de Febrero. Rodríguez relató que comenzó a militar en el año ’71 y participó de movilizaciones y actividades sociales. Fue uno de los impulsores de la Asociación Gremial de Artesanos en el año ’74 y exponía sus trabajos en la Plaza San Martín de Ciudadela. Así conoció a muchos militantes como “Bocha”, Alfredo Agüero, Jorge “Chupete” De Iriarte y José “Pipo” La Bruna, todos desaparecidos.
De “Pipo” La Bruna dijo que fue su compañero del barrio, del colegio, de trabajo y de militancia. Además dijo que se organizaba en la Juventud Trabajadora peronista (JTP). Para entonces La Bruna tenía un cargo en el  Hospital local “Ramón Carrillo”, pero cumplía funciones como empleado administrativo en el Instituto de Oftalmología “Pedro Lagleyze” de Capital Federal. El testigo rememoró que muchas de las reuniones políticas del grupo se realizaban en el restaurant de la familia Agüero, donde trabajaba y vivía toda la familia. Según Rodríguez en agosto de 1977 “Pipo” le había mencionado a una compañera llamada Edith García que tenía temor por lo que pudiera informar su cuñado a los represores del CCD Brigada de San Justo, con quienes tenía una relación fluida. El 13 de agosto Edith fue secuestrada de su trabajo como enfermera en el Hospital Carrillo. Según Rodríguez “habían ido a buscar a ‘Pipo’ y como no estaba se llevaron a Edith”. Dos días después “Pipo” fue secuestrado de su trabajo en el “Lagleyze” frente al personal del instituto. Tenía 23 años. Para Rodríguez el hermano de la esposa de “Pipo”, Jorge Gerard, era de inteligencia y “entregó a ‘Pipo’ a los represores de San Justo. Le confirmó a la madre de ‘Pipo’ un supuesto acuerdo para la salida a Italia, pero no se dio. Es alguien que debería ser llamado a declarar, porque sabe mucho”. El testigo agregó que  en un homenaje realizado en agosto pasado por la memoria de La Bruna, acusó al micrófono a este hombre de apellido Gerard, que estaba presente. “Cuando lo acusé a Gerard frente a todos, se puso colorado y antes de retirarse se acercó a los hijos de ‘Pipo’ y les dijo que más adelante les contaría la verdad sobre lo que le había pasado a su padre. Ellos nunca pudieron saber la verdad sobre el destino de su padre. Incluso recién en 1992 se enteraron que la historia de un accidente aéreo, que les habían contado durante todos esos años, no era real”.

Además el testigo aportó un dato fundamental que certifica el paso tanto de Agüero como de La Bruna por la Brigada de San Justo: la hermana de La Bruna le contó que habló con la madre de Agüero, y esta le dijo que el 25 de agosto del ’77 un grupo de tareas fue al restaurant de los Agüero con “Pipo” secuestrado, que estaba muy demacrado, golpeado, con un sobretodo y que casi no lo conoció. El mismo día fue secuestrado en su casa de Morón a “Chupete” De Iriarte, trabajador del hospital Carrillo. Cuatro días después van a buscar a Alfredo al restaurant, secuestran a su hermano y lo llevan hasta donde estaba Alfredo. La coordinación del grupo de tareas luce hoy evidente, por la secuencia de caídas de Edith, luego de La Bruna, luego de De Iriarte y finalmente de Agüero.
Reivindicando con orgullo la militancia de los ’70, Rodríguez afirmó que la mayoría de los militantes de la época eran activistas de base, con acción social, sindical, cultural: “Si hubiera sido cierto que la militancia política estaba volcada a la acción armada, les aseguro que el Ejército no hubiera podido frente a los 30 mil”, concluyó.
El último testimonio fue el de PABLO DE IRIARTE, hijo del detenido desaparecido Jorge Luis De Iriarte e integrante de HIJOS La Matanza. Jorge había nacido en octubre de 1950 en Verónica, partido de Magdalena. Se casó con Sara Matilde Astorga y tuvieron dos hijos: Pablo y José. Jorge trabajaba como como oficial calderista en el Hospital “Ramón Carrillo” de Ciudadela, donde era delegado de ATE, y hacía changas como mozo en el Autocine Capital Federal.
Pablo contó que a las 11 de la noche del 25 de agosto de 1977, cuando él tenía 4 años y su hermano 3, cayó a su casa un operativo de 8 hombres de civil fuertemente armados que se presentó como “del servicio de inteligencia del Estado”. En el domicilio de Cucha Cucha 1282, en Morón, estaban la abuela, el abuelo y una tía de Pablo despiertos, mientras el resto de la familia estaba durmiendo: en una pieza la madre de la abuela, en otra los tíos y su prima y en una tercera sus padres y su hermano.
La tía les abrió, ingresaron violentamente y dieron vuelta todo. Revisaron la pieza de la abuela, una señora muy mayor, y luego la de los tíos. Redujeron al tío con una pistola en la cabeza y preguntaron por Jorge Luis De Iriarte. Luego fueron a la habitación de sus padres. Su padre salió y los represores dijeron “afirmativo”. A su madre y a los chicos los retuvieron en la cama, mientras revolvían el cuarto. A su padre lo hicieron vestirse y despedirse, para llevárselo y ubicarlo en la parte trasera de un auto.
Pablo recordó que en el operativo rondaba la zona un helicóptero y que por dichos de un vecino, al que los represores le habían preguntado por la casa de “De Iriarte que trabaja en el hospital de Ciudadela”, supieron que también hubo vehículos del Ejército en la zona. Cuando la tía de Pablo salió a la calle insultó a los represores y uno le dijo “quédate ahí porque te pegamos un tiro”. Fue la última vez que la familia vio a Jorge. Tenía 26 años.
Con el tiempo y la búsqueda de datos de la militancia de su padre, Pablo pudo saber que Jorge militaba con Alfredo Agüero, José La Bruna, y Edith García, y que todos están desaparecidos. También conoció a Javier Velázquez, compañero de su padre al que conoció en un homenaje a su padre. Supo también que las reuniones políticas se hacían en el restaurant de los Agüero, que todo el grupo fue desaparecido y que su padre pasó por la Brigada de San Justo y el “Pozo de Banfield”.
Pablo recordó que su abuela Aurora presentó Habeas Corpus en Morón y San Martín, e hizo denuncias en la comisaría 4ta “Gervasio Pavón” de Morón, ante la ONU y la Cruz Roja. También rememoró que con su hermano acompañó a su madre a realizar gestiones al Ministerio del Interior, pero siempre les respondían negativamente. Además sufrieron la infamia de que les mandaran telegramas desde el Hospital Carrillo diciendo que había hecho abandono de su trabajo, y lo dejaron cesante sin reparar su legajo hasta hoy. También dijo que en el hospital su madre se cruzó con el padre de Agüero y se enteró del secuestro de Alfredo. Luego hubo otros encuentros con los Agüero, y su familia contactó a los hermanos Antonio y José Moreno Delgado, sobrevivientes de San Justo y Banfield, que les contaron que cuando estuvieron detenidos se habían cruzado con Alfredo Agüero, que les dijo que en una celda contigua estaban sus compañeros de militancia “Chupete” y “Fierrito” Lavalle. Otro dato del paso de su padre por San Justo y Banfield lo tuvieron de parte de Jorge Gambero, esposo de la desaparecida María Elena Ianotti, que les confirmó que un ex detenido les comentó que a su padre lo habían visto en esos lugares.
Pablo visitó dos veces la Brigada de San Justo en momentos de su señalización, y en su testimonio se sumó al pedido de que el lugar sea desafectado y se transforme en un espacio de memoria. Para finalizar Pablo leyó muy conmovido un texto que escribió su abuela Aurora a su padre, con motivo de su cumpleaños 29,  titulada “carta a mi hijo ausente”. Allí la abuela le escribió a Jorge: “Es muy difícil superar mi querido este dolor, pero tengo que hacerlo. Y te digo que es el más grande de mi vida. Porque a este pobre corazón mío le han sacado un pedazo que sos vos. Y hasta que no vuelvas va a seguir sangrando”.
Pese al paso del tiempo con impunidad, valor de los familiares de dar testimonio y por diversas defecciones de la justicia federal platense, los casos de José “Pipo” La Bruna y de Jorge Luis “Chupete” De Iriarte no forman parte de este juicio, al igual que los casos de otros 30 compañeros cuyo paso por la Brigada de San Justo está constatado en los testimonios de decenas de sobrevivientes y consignado en el listado elaborado por el CODESEDH. Por ellos se pretende que los familiares y compañeros, pese a dar testimonio del horror, continúen esperando justicia.

La próxima audiencia será el miércoles 5 de diciembre desde las 14hs (un poco más tarde de lo habitual). Para presenciarla sólo se necesita concurrir a los Tribunales Federales de La Plata, en 8 y 50, con DNI.