El 13 de agosto comenzó en La Plata el juicio por los crímenes cometidos en el Centro Clandestino de Detención de la Brigada de Investigaciones de San Justo. El debate incluye imputaciones a 19 represores por 84 casos, 31 de los cuales corresponde a personas detenidas-desaparecidas. LAS AUDIENCIAS SON LOS MIÉRCOLES DESDE LAS 10 AM EN LOS TRIBUNALES FEDERALES DE LA PLATA, CALLE 8 Y 50. (Se extenderá hasta 2019).

miércoles, 15 de mayo de 2019

08 DE MAYO: VIGESIMA SEXTA AUDIENCIA

DOS HISTORIAS DE LA BRIGADA
 
Con los testimonios de las hijas del militante montonero Héctor Ricardo Iramain, desaparecido en enero de 1978, y del hermano del militante de la OCPO Saúl Jaime Szajnbaum, desaparecido en noviembre de 1977, continuó el debate por una de los CCD más grandes del conurbano oeste en dictadura.
Por HIJOS La Plata
 


La audiencia se inició con la testimonial de ELSA PATRICIA IRAMAIN, la hija mayor de Héctor Horacio Iramain, militante sindical y dela organización Montoneros apodado “Mosca”, secuestrado y desaparecido el 28 de enero de 1978.
Patricia inició relató que aquel día la familia estaba en su casa de Morón, un departamento que alquilaban y en cuyo frente funcionaba una dependencia del sindicato de Trabajadores Talleristas a Domicilio (STTAD), de obreros textiles, donde su padre atendía a los afiliados en trámites referidos a la obra social y otra cuestiones. Como a la 1 de la tarde tocaron timbre y Patricia, que tenía 14 años, fue a abrir la puerta. Entonces entraron 9 tipos armados preguntando por su padre. En la casa estaban sus hermanos Nanci, de 8 años, Leonardo, de 11 meses, y la esposa de su padre, María del Carmen Sosa. La pareja tenía otra niña, Verónica, que vivía con los abuelos. Héctor no estaba, se había ido a atender un pequeño comercio de ropa que tenía en la ruta 3 Kilómetro 35. Tras revolver todo y no encontrar nada el jefe de los represores  dijo que Patricia los tenía que llevar hasta donde estaba su padre, pero la joven se negó: se agarró de la mano de su hermana Nanci y enfrentó a la patota. Entonces los represores se llevaron a Carmen, mientras en la casa quedaron dos de la patota con los tres chicos. Patricia recuerda que en esa circunstancia no los dejaban moverse ni comunicarse con nadie, uno de los represores, morocho y vestido de civil, la hizo mirar por la ventana para que viera que afuera había más hombres armados, y le dijo “tu papá hizo algo y lo va pagar”.  Así estuvieron hasta las 5:30 de la tarde, cuando trajeron a Carmen y el que comandaba el operativo, rubio y vestido de camisa y pantalón negro, ordenó que no trataran de buscar a Héctor ni denuncien lo ocurrido. Se llevaron una agenda de teléfonos y se fueron.
Carmen contó que la llevaron a buscar a Héctor fueron al negocio y no estaba. Un muchacho del barrio, que colaboraba allí con Héctor, les dijo a los represores que estaba en un club lindero jugando a las bochas. Entonces fueron y lo identificaron. Héctor trató de mostrar un carnet de retirado de Prefectura  pero se lo llevaron en una camioneta color verde militar junto con Carmen. Al llegar a un determinado sitio que Carmen no pudo determinar, bajaron a Héctor y la mujer escuchó que tiraban baldes de agua y comenzaron a torturar a su compañero, del que escuchaba los gritos de dolor.
Patricia señaló que sus abuelos paternos Ramón Santiago Iramain y Sara Margarita Ucha, también fueron secuestrados en el domicilio de éstos previo al operativo de Morón.  Fueron llevados a la Brigada de San Justo, donde les sacaron la dirección anterior de la familia de Héctor. Tras chequear ese lugar los represores volvieron y los amenazaron, tras lo cual obtuvieron la dirección real para secuestrar a Héctor y los liberaron en un descampado.
La testigo afirmó que a través de contactar a la sobreviviente Adriana Chamorro pudo saber que su padre estuvo en la Brigada de San Justo desde su secuestro, que Adriana lo cruzó en el Pozo de Banfield entre junio y julio del ’78 y Héctor le dijo su nombre, que venía de San Justo y que tenía 3 hijas. Adriana también le contó a Patricia que su padre, que era robusto y alto, estaba muy flaco y desmejorado, lo cual no le impidió desplegar algún gesto de solidaridad: le dio sus alpargatas a María Asunción Artigas de Moyano, que estaba secuestrada allí descalza y la defendió cuando un grupo de represores quisieron abusar de ella.
En la audiencia 17 de este debate Adriana Chamorro habló por videoconferencia desde Montreal, Canadá, dijo que fue secuestrada en febrero del ’78 y llevada a la Brigada de San Justo y luego al Pozo de Banfield. Dijo que en este último sitio vio a Héctor Ricardo “Mosca” Iramain, que venía de San Justo y  al que recordó como integrante de la custodia de la UOM, que había sido detenido en enero del ’78 junto a 2 policías federales por hacer un negociado para venderle armas al ERP.
Patricia recordó a su padre diciendo “Tenía 33 años, fue un buen padre, trató de darnos lo mejor aunque tuviéramos una vida austera. La gente me cuenta muchas anécdotas de él y eso es gratificante. Me dicen que era un amigo de fierro, un tipo recto y muy trabajador. Desde ese día sentimos que tiraron una bomba en la familia y todo se vino abajo. Pasamos muchas necesidades. Vivimos en casas prestadas. No sé si hizo algo malo, pero no era esa la forma de que lo pagara”. Además sobre las consecuencias que la ausencia de su padre les dejó, agregó que “tuve 2 intentos de suicidio buscando poder reunirme con mi papá en algún momento”. Dijo también que su abuelo Ramón murió literalmente sentado en el zaguán de su casa esperando a que llegara su hijo Héctor.
Finalmente Patricia leyó un texto que le escribió a su padre el día que iba a cumplir 70 años y que decía: “MI viejo querido. Tenías tan solo 33 años cuando te vi por última vez (…) Fuiste un gran hombre, un luchador, un excelente amigo de tus amigos, un gran compañero de lucha de tus compañeros, y por sobre todas las cosas un hombre con códigos hasta las últimas consecuencias. Ese fue mi papá”.
 

A continuación se escuchó el relato de NANCI IRAMAIN, quien ratificó íntegramente los dichos de su hermana y agregó que “mi padre era un laburante, un excelente padre y un militante político coherente”. Nanci, que tenía 8 años al momento de los hechos, dijo que
Recuerda los dichos de los represores cuando la tenían retenida con sus hermanos: “nos decían que íbamos a terminar muertas o en un colegio si no decíamos dónde estaba mi papá”. Señaló que “por ser la más chica me ocultaron muchas cosas para protegerme”. Su abuelo Ramón murió cuando ella tenía 11 años y sin embargo en ese tiempo pudo hablar  con él de lo sucedido: le contó todo y le pidió que siempre recordara lo que le estaba relatando. Entre otros hechos le dijo que él y su abuela fueron secuestrados antes que su padre de su casa de calle Salta al 2000 de Rafael Calzada. Fueron encapuchados y llevados en un vehículo hasta un lugar donde Ramón fue torturado para que dijera dónde estaba su hijo. Al llegar secuestrado, Héctor lo saludó como siempre hacía, con un doble apretón de mano sobre el hombro mientras Ramón estaba sentado y atado en una silla. Por este detalle Nanci deduce que tanto su padre como sus abuelos fueron llevados a la Brigada de San Justo.
Nanci agregó que antes del secuestro de sus abuelos y su padre, habían ido a buscar a su mamá, que estaba separada de su padre, y también hubo un operativo buscando a una persona que había gestionado la venta de la casa de la abuela paterna. Además afirmo que en la casa de sus abuelos vivó un hermano de su abuela que tenía problemas psicológicos y que huyó del operativo en que secuestraron a sus abuelos y nunca más volvieron a verlo.
“Nuestra vida fue una película de terror”, sintetizó Nanci, y concluyó “vivíamos mitad en casa de mis abuelos y mitad en lo de mi tía. Patricia tuvo que salir a trabajar para ayudar en la casa. Yo no me crie con mi madre, el único que me protegía era mi papá y no pudo hacerlo. Espero que esto sirva para que los represores que hicieron esto tengan un juicio justo. Mi papá y mi abuelo no lo tuvieron. Y a nosotros nadie nos ayudó. Necesito que se haga justicia, que se pague todo lo que vivimos después de la desaparición de mi padre”.
 

El testimonio final de la jornada correspondió a SERGIO SZAJNBAUM, hermano del militante desaparecido de la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO) Saúl Jaime Szajnbaum, secuestrado en Capital Federal el 21 de noviembre de 1977 y visto por arios sobrevivientes en la Brigada de San Justo y en el “Pozo de Banfield”.
Sergio comenzó relatando los episodios de persecución que sufrió su familia en el tercer gobierno peronista y previo al secuestro de su hermano en dictadura. Dijo que tras el asesinato del diputado nacional Rodolfo Ortega Peña, ocurrido el 31 de julio de 1974, con su hermano decidieron sumarse a una caravana que despedía sus restos en el cementerio de Chacarita. Saúl fue en micro con un grupo de diputados y él fue en subte con otro grupo. Ese día el jefe de la Policía federal, Alberto Villar desató una represión en la que hubo persecuciones a caballo entre las tumbas, varios legisladores debieron defender el féretro de la policía. El hecho dejó un saldo de 400 personas detenidas y a las pocas semanas la Triple A arrojó volantes frente a algunas comisarías con listados de los 400 detenidos, con sus nombres completos y domicilios, y amenazas de muerte. Saúl cayó detenido ese día y su familia recibió distintas amenazas de muerte telefónicas. Por ese motivo la familia decidió vender la casa de calle Pedro Goyena donde vivían, en el barrio de Caballito y una tienda que poseían en la zona.
Sergio contó que para el año ’77 Saúl tenía 22 años, estudiaba bioquímica, radio y televisión, trabajaba en una empresa de perfumes y militaba en la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO), un grupo político militar conducido entre otros por Dardo Castro, constituido en 1974, y que logró un desarrollo teórico, político y organizativo que lo llevó a participar de las experiencias más importantes del movimiento obrero y popular argentino de la década del 70. Una colección de publicaciones recuperadas de la organización se puede ver en
Además Saúl estaba de novio con una chica llamada Ruth. Los hermanos vivían juntos en un departamento, y sufrían un clima de paranoia por el despliegue de las patotas del Terrorismo de Estado. De hecho un familiar les avisó que había caído un operativo en la casa de Pedro Goyena buscando a Saúl. Entonces Sergio decidió irse a vivir con sus padres, y Saúl se mudó con Ruth a un departamento en Belgrano R.
El 21 de noviembre de 1977 Saúl salió del curso de radio y televisión, se encontró con su novia y se fueron a esperar el tren Mitre para volver a casa. En ese momento aparecieron unos Falcon  que alcanzaron a Saúl sobre la calle Corregidores, mientras Ruth se refugió en una casa de vecinos de la zona. La familia de Saúl se enteró del hecho por aviso de la familia de Ruth, que les trajo algunos elementos que habían quedado en el lugar del hecho: un zapato y una carterita que el joven usaba.


En el mismo momento la familia comenzó la búsqueda ante las fuerzas policiales, militares, en la Conferencia Episcopal, en la AMIA, y presentaron varios Habeas Corpus, de los cuales uno dio positivo: referían que Saúl tenía orden de captura por orden del Comando del 3er Cuerpo de Ejército por pertenecer a la OCPO. Sergio exhibió en la audiencia el original de la respuesta del recurso, que fue incorporado a la prueba del debate. Sergio contó que la noticia trajo esperanza a la familia, que pensó que Saúl podía ser legalizado como preso político, pero no fue así.
Pese a esto, y a que su padre cayó en una profunda depresión, Sergio continuó la búsqueda con su madre, que se vinculó a la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Por datos recibidos del padre de un amigo, supo que su hermano podía haber pasado por la Brigada de San Justo o la brigada de San Martín. Pero fue recién en un encuentro fortuito en una marcha en la que se cruzó con Graciela Gribo que pudo confirmar el destino de su hermano. Graciela estudiaba medicina con Claudia Kohn, y conocían a Saúl de algunas reuniones políticas. La sobreviviente le dijo que lo había cruzado estando secuestrada en la Brigada de San Justo y en el Pozo de Banfield y que creía que su hermano había sido liberado.
En la audiencia 23 de este debate Gribo relató que, tras ser secuestrada en diciembre del ’77, compartió cautiverio con Saúl en la Brigada de Investigaciones de San Justo, y en marzo del ‘78 Szajnbaum, ella y Claudia Kohn fueron  llevados juntos al “Pozo de Banfield”.  Graciela dijo que en ese traslado vio por debajo de la venda que Saúl iba descalzo. Después se enteró que fue sacado de Banfield y nunca más supo nada de él.
A su vez Sergio contó que con el tiempo, y a través de una amiga exiliada en Suecia, pudo contactar a la sobreviviente Adriana Chamorro, que le contó a su amiga que Saúl estuvo en el Pozo de Banfield por lo menos hasta el 14 de mayo del ’78, cuando fue llevado en “traslado” con un grupo de militantes uruguayos secuestrados, lo que muy probablemente significara su muerte.
Sergio recordó a su hermano como “una persona muy íntegra y brillante intelectualmente. Muy humano, solidario y cálido. Fue coherente como militante y como luchador por la transformación social. Puedo afirmar que en la tortura no dijo nada”. Sobre las consecuencias en la familia por la desaparición de Saúl dijo que “yo militaba en un frente estudiantil, pero tuve que dejar.  Me quedé a buscar a mi hermano hasta cuando pude. Después me fui unos meses a México. Yo estaba desequilibrado, mi madre internada en una clínica con un cuadro psicótico y mi padre con una gran depresión. Volví a continuar la búsqueda en plena dictadura y ya para el año ’79 me llegó un dato de que estaba muerto. Mi otro hermano Mario hasta hoy no puede soportar hablar del tema”.
Sergio terminó su exposición exigiendo justicia por su hermano y recordó que en septiembre de 2018 se realizó un acto de colocación de baldosas de la Memoria en
la EMET 9 “Ingeniero Luis A. Huergo” en homenaje a los estudiantes desaparecidos. Como egresado de la escuela figura el nombre de Saul Jaime Szajnbaum, y de los militantes Oscar Miranda, Carlos Gambande, Juan José Ficarra, Daniel A. Melia, Guatavo A. Cagide, Claudio A. Ferraris, Ricardo A. Cravello, Rubén O. Morresi, Luis Matsuyama y Eduardo Leguizamón.
 
La próxima audiencia será el miércoles 15 de mayo  desde las 11 hs. Para presenciarla sólo se necesita concurrir a los Tribunales Federales de 8 y 50 con DNI.

martes, 14 de mayo de 2019

24 DE ABRIL: VIGESIMA QUINTA AUDIENCIA

IDENTIDAD ROBADA
Con el relato de una mujer que presenció el secuestro de su prima en diciembre de 1977, el testimonio de la hija de un desaparecido en septiembre de ese año cuya identidad fue robada por uno de los represores que lo secuestró y el aporte de una simpatizante del PC de Lanús que estuvo 6 días en la Brigada a fines del ’77, continuó el debate por uno de los CCD más grandes del conurbano oeste en dictadura.

Por HIJOS La Plata



La primera testimonial de esta audiencia correspondió a LILIANA ESPÓSITO, prima de Ana María Espósito, quien ya declaró en el debate sobre su secuestro y el de su esposo Aníbal Ces, ocurridos el 9 de diciembre de 1977 en Lanús. Ana María y Aníbal eran simpatizantes de la federación Juvenil Comunista del PC. Liliana contó que en esa fecha estaba yendo a la casa de su tía, madre de Ana María, ubicada en Lanús y donde su prima trabajaba haciendo camisas. Pero al llegar ve que hay dos hombres armados apostados en la vivienda. Como no podía ingresar y no quería exponerse dejó pasar el tiempo mientras registraba los detalles de lo que sucedía. Al rato vio que sacaban a su prima y se la llevan en una camioneta. Entonces decidió entrar a la casa, donde habían quedado sus tíos y el pequeño hijo de su prima de 1 año y dos meses. La testigo dijo que con posterioridad supo que los represores habían llevado a su prima a la casa del esposo de ésta, Aníbal Ces, para esperarlo y que allí ambos fueron llevados a un Centro Clandestino de Detención en La Matanza. Destacó también que su padre y su tío realizaron varias gestiones para averiguar dónde estaban sus familiares, con los debidos Habeas Corpus y hasta una reunión en el municipio de Lanús con varios compañeros de su prima. Por esa vía se enteraron que otros compañeros de su prima habían sido secuestrados en esos días, entre los que recordó a Ana Ehgartner y su marido Jorge Farsa, y Haideé Mabel Rodríguez. 
En el debate ya aportaron su testimonio Ana María, su esposo Ces, y los compañeros de militancia en el PC de Lanús: Ehgartner, Farsa, Eduardo Nieves y Sigfried Watzlawik, todos secuestrados y llevados a la Brigada de San Justo. Ana María dijo que de la casa de sus padres la llevaron  secuestrada en una camioneta marrón a su domicilio, distante a 3 cuadras, donde fue golpeada y víctima de violencia sexual. Tras una hora llegó Aníbal, al que entraron de los pelos pidiéndole que de nombres. Como no obtuvieron nada los llevaron a ambos tabicados en la caja de una camioneta, donde ya estaba secuestradas otras personas a las que Ces reconoció como Haideé Rodríguez y José Sánchez, apodado “Negro Black”. Espósito, Ces y Rodríguez fueron liberados el 28 o 29 de diciembre del ’77, cuando los volvieron a sacar en una camioneta.  Entre los represores que actuaban en la Brigada Ana Espósito recordó a “Panza” “Eléctrico”, “Tiburón”, “Víbora” y “El Coronel”. Finalmente agregó que fue a la señalización de la Brigada de San Justo, ingresó al lugar y reconoció el calabozo donde estuvo cautiva. En la octava audiencia de este debate Ces afirmó que los represores “Víbora”, apodo de Rubén Boan, y “Tiburón”, apodo de José Antonio Raffo, comandaron el operativo en su casa. Además recordó los apodos de otros represores como “El Jefe” que era un segundo de Raffo, “El Panza” que se hacía el bonachón y “Eléctrico”, que los hacía lavar la celda. El testigo realizó en la audiencia el reconocimiento fotográfico de 2 de los represores imputados en el debate: Boan y Héctor Carrera. Por su parte en la séptima audiencia de este juicio Nieves recordó como activos en la Brigada a los represores “Víbora” (Boan), “Capitán Luz” y “El Panza”, que estuvo presente en el operativo de su secuestro, y uno al que llamaban “El Veterinario”, de voz gruesa, que le aplicó una inyección con antibiótico y cree que es el médico policial Jorge Vidal, imputado en el juicio.


El siguiente testimonio fue el de ANDREA GUERECHIT, hija del militante de la JP y Montoneros Orlando Luis Guerechit, secuestrado el 13 de septiembre de 1977 y desaparecido desde la Brigada de San Justo.
Andrea comenzó relatando que su familia estaba compuesta por su padre, vendedor ambulante de embutidos, su madre Rosa Agüero y su hermano de 2 años, homónimo de su padre. Recordó a su padre como una persona amorosa, divertida y jovial. Vivían en Bella Vista, partido de San Miguel, a una cuadra y media de la sede de Campo de Mayo, en una casilla muy humilde que constaba de una pieza y una cocina. Hacía poco se habían mudado allí y antes vivían en Barrio UTA de San Martín.
La noche del secuestro la madre y los niños estaban durmiendo y su padre en la cocina charlando con un amigo, el militante de la UES Osvaldo Raúl Corrales, apodado “Café”, que estaba realizando el servicio militar obligatorio en Campo de Mayo. Cerca de la 1 de la mañana se escuchó como una explosión: era el grupo operativo había arrancado la puerta de la casilla. Así ingresó una patota de hombres armados y de civil que apuntaron a todos y los redujeron.  Según Andrea, que al momento tenía 6 años, sabían que había dos niños porque ella se escondió debajo de la cama y los represores preguntaron “¿Dónde está la nena?”. Cuando la sacaron de su escondite vio que eran 6 hombres de los cuales 2 eran conocidos porque frecuentaban la casa y supuestamente eran amigos y compañeros de su padre. Uno era apodado “Petiso” y el otro “Colorado”. Los represores se encargaron de dar vuelta toda la casa, y mientras preguntaban por armas de fuego les rompieron todas las pertenencias, hasta las fotos familiares. “Esta foto que tengo de mi papá la recuperé de una foto que alguien publicó de un casamiento al que mis padres estaban invitados. No me quedó ninguna foto familiar porque lo rompieron todo”, dijo Andrea ante el tribunal mientras mostró una imagen de Orlando.
En un momento se llevaron a su madre encapuchada, a su padre atado con cadenas y a “Café” Corrales sin tabicar. Antes de irse el hombre apodado “Petiso” les dijo a los niños “tranquilitos que mamá y papá ya van a volver”. Andrea y su hermano quedaron solos, pero a los pocos minutos llegó al lugar un tío político que los vistió y los llevó a la casa de sus tías maternas en Loma Hermosa, partido de Tres de Febrero. Luego Andrea pudo reconstruir que antes de secuestrar a sus padres y a Corrales la patota había ido a la casa de sus tías en Loma Hermosa, donde apuntaron a toda la familia y obligaron a su tío a llevarlos hasta la casa de la familia de Orlando en Bella Vista.
La testigo afirmó que su madre fue liberada el mismo día del secuestro y que por relato de su madre supo que en el traslado la llevaron con Orlando y con Corrales en un auto en un viaje bastante corto hasta un lugar donde bajaron a su padre y a “Café”, y que Guerechit antes de ser llevado pudo despedirse de su esposa y le dijo que cuidara a los chicos. Rosa Agüero también escuchó que en lugar donde bajaron a su esposo cerraron un portón muy pesado y ladraban unos perros, hasta que salió una mujer que refiriéndose a ella dijo “esta no es”. Luego la liberaron.
Andrea contó también que hasta hace muy poco tiempo no supo nada del destino de su padre, hasta que por otra hija de desaparecido, Claudia Congett, pudo rastrear el archivo de militantes peronistas desaparecidos que confecciona el historiador Roberto Baschetti y acceder al testimonio de José Moreno, ex detenido de Brigada de San Justo que compartió cautiverio con su padre y con “Café” Corrales. A través del testimonio de ese sobreviviente se sabe que Orlando Guerechit estuvo en la Brigada de San Justo por lo menos hasta que José Moreno fue trasladado desde ese lugar al “Pozo de Banfield”, es decir hasta fines de septiembre de 1977.
Sobre la familia Corrales la testigo dijo que vivían a media cuadra de la casa de su tía, tenían un almacén y la madre de dos hermanos era Elsa Olivera. Además de Osvaldo “Café” Corrales, secuestrado con su padre, Andrea conoció al hermano Ernesto Lorenzo Corrales, apodado “Topo”. Dijo que al momento de los hechos tenía una bebé y estaba conviviendo con una chica. Ernesto “Topo” Corrales fue secuestrado una semana antes que su hermano de su casa de Loma Hermosa, partido de Tres de Febrero, y estuvo en la Brigada de San Justo por lo menos en el mes de septiembre del ’77. Al igual que su hermano “Café” continúa desaparecido.
Sobre su situación como hija de desaparecido Andrea contó que ella y su hermano pasaron de tener una familia a estar desposeídos de todo. Sufrieron el desarraigo de la familia paterna, que decidió alejarse de ellos. Vivieron en la pobreza y su madre tuvo que salir a limpiar casas de familia. Ella y su hermano salieron a trabajar desde muy jóvenes: “Nos robaron la infancia y la inocencia”, sentenció.


Como si la situación de la desaparición forzada de su padre no fuera suficiente, Andrea contó que hace unos 20 años fueron con su madre a realizar unos trámites al IPS en paralelo a buscar la causa de su padre. Entonces supieron que la persona apodada “Petiso”, que había participado del operativo en su casa, había usurpado la identidad de su padre para cometer ilícitos: había sacado una cuenta corriente en el Citybank y realizaba estafas con cheques sin fondo. Según Andrea esa persona “realizó una traición tras otra a la familia”. Agregó que estos dos personajes visitaban a su padre por lo menos desde 2 o 3 años antes del secuestro, cuando la familia vivía en Barrio UTA de San Martín. La testigo describió al “Petiso” como una persona baja de unos 35 años y al “Colorado” como rubio y buen mozo. Al momento de mirar el álbum de represores de San Justo reconoció al “Petiso como Jorge Beiruti y al “Colorado” como Roberto Suárez. Además señaló a 2 agentes de la Brigada imputados en este debate, Héctor Horacio Carrera y Raúl Carballo, como participantes del operativo en que secuestraron a su padre.
Para finalizar Andrea pidió justicia verdadera por su padre y los 30 mil desaparecidos y exigió “que los que hicieron esto paguen por las atrocidades que cometieron”. Dijo que hoy conoce la Brigada de San Justo, y que había pasado muchas veces por allí y “nunca imaginé que fuera un lugar terrible de tormentos y atrocidades”. Al igual que otros familiares y sobrevivientes dejó sentado su reclamo de la desafectación de la Brigada para instalar allí un sitio de Memoria.


El último testimonio de la jornada fue el de NORMA BEATRIZ MARTÍNEZ, esposa de Eduardo Nieves, secuestrados el 29 de diciembre del ’77 del domicilio de Jorge Farsa y Ana Ehgartner en Lanús.
La sobreviviente relató que aquella noche estaban en la casa las dos mujeres y Nieves con sus hijos preparando la cena y esperando a Farsa, cuando cayó un operativo de hombres armados que los puso contra la pared y revisaron toda la casa. Entonces se quedaron esperando a que llegara Farsa, lo que ocurrió uno hora después. Al llegar el esposo de Ehgartner los llevan a todos vendados hacia 2 coches y dejan a los hijos de ambas parejas con unos vecinos. Tras un viaje bastante largo llegan a un lugar donde los suben a un primer piso y los sientan en unas sillas. Luego los depositan en una celda a ella con  su marido, Ehgartner y otro muchacho cuyo nombre no recuerda, mientras Farsa fue puesto en otra celda aparte. Allí estuvieron 4 días con los brazos encadenados a la pared y a merced de la patota. La testigo dijo que primero sufrieron tortura psicológica, cuando los ubicaron boca arriba en el piso mientras los amenazaban y caminaban alrededor con borceguíes. En esa circunstancia Ana Ehgartner fue quemada en el cuerpo con cigarrillos. El último día los llevaron a una sala donde los desnudaron y a ella la ubicaron en un colchón húmedo donde le aplicaron picana eléctrica mientras la tapaban con una almohada en la boca. Allí le preguntaron por su militancia en el partido y por el nombre de una persona que ella desconocía. El procedimiento se repitió 3 veces. Luego la devolvieron a la celda.
Martínez aclaró que si bien ella y su marido estaban afiliados al PC, ella sólo acompañaba y no tenía un gran desarrollo militante. Por la reconstrucción que hizo posteriormente, supo que cuando Aníbal Ces, a quien conocían por la militancia en el partido, había sido liberado de la Brigada de San Justo fue a la casa de Farsa y atrás de él llegó el operativo en donde las dos parejas fueron secuestradas.
Sobre el momento de la liberación la testigo dijo que se produjo tras 6 días en el lugar de cautiverio: primero la soltaron a ella junto a Ehgartner y el muchacho que estaba desde el inicio en la misma celda, que según testimonio de Ehgartner y del propio Jorge Garra se trata de Oscar, hermano de Jorge. Los llevaron a una sala, les dieron de comer, ya que hacía 4 días que no ingerían alimentos, y los llevaron en auto hasta Valentín Alsina. Farsa y Nieves estuvieron unos días más desaparecidos, hasta ser liberados el 10 de enero de 1978. Martínez dijo que entre los trastornos que sufrió producto de su secuestro y torturas durante 2 años escuchaba sirenas en su cabeza. Agregó que se enteró donde estuvo detenida por las averiguaciones que realizaron su esposo y Farsa, ya que habló con su esposo en aquellos años pero nunca más volvió a tocar el tema.
Cabe recordar que en el debate ya testimoniaron Nieves, Ehgartner y Farsa. Nieves mencionó que los represores de San justo actuaban con los apodos de “Lagarto”, “Eléctrico” y “Conejo”, todos guardias de las celdas,  “Víbora” (Boan), “Capitán Luz” y “El Panza”, que estuvo presente en el operativo de su secuestro, y “El Veterinario”, de voz gruesa, que le aplicó una inyección con antibiótico y que cree que es Jorge Vidal. Ehgartner afirmó que por averiguaciones realizadas con su marido pudieron dar con un legajo de la DIPPBA donde figuran las fechas de secuestro y liberación de ambos, y un seguimiento a Farsa de 1 año y medio antes que los secuestraran. Además reconoció del álbum de fotos de represores de San Justo que le fue exhibido a 2 represores imputados en este juicio, Héctor Carrera y Raúl Carballo, como integrantes del operativo que fue a su casa. Farsa detalló la lista de otros militantes comunistas que sufrieron la cacería desplegada desde la Brigada de San Justo: Aníbal Ces y su esposa, José Sánchez, llamado “Negro Black” y el primer detenido del grupo, Sigfried Watzlawik, Jorge Garra, secretario de la Juventud Comunista de Avellaneda Lanús, la esposa y el hermano de Garra, y su propio hermano Roberto Farsa, que fue secuestrado antes que él y sufrió un cautiverio de 25 días. Farsa recordó que entre los represores que actuaban en la Brigada estaban los apodados “Víbora”, “Eléctrico” y “Colores”.
La próxima audiencia será el miércoles 8 de mayo desde las 11 hs. Para presenciarla sólo se necesita concurrir a los Tribunales Federales de 8 y 50 con DNI.

10 DE ABRIL: VIGESIMO CUARTA AUDIENCIA

PONER LA VOZ
Con los testimonios de dos sobrevivientes y la hermana de un estudiante desaparecido continuó el debate por la Brigada de San Justo. Nora Liberman, que estuvo 40 días desaparecida en la Brigada con su esposo Luis Tarquini; Cirila Benítez, referente de la militancia barrial  en el Complejo Habitacional 17 de Ciudad Evita y sobreviviente de 5 CCD de zona oeste; y Elda Rodríguez, hermana del militante de la UES Enrique “Pluma” Rodríguez desaparecido desde la Brigada San Justo, le pusieron voz al horror vivido en la última dictadura. Además la querella de Justicia Ya LA Plata denunció la situación de la domiciliaria del genocida Leopoldo Luis Baume y volvió a solicitar su revocatoria.
Por HIJOS La Plata




La audiencia se inició con el relato de NORA LIBERMAN, quien testimonió por videoconferencia desde Tenerife, España. Nora es sobreviviente de San Justo, al igual que su esposo LUIS TARQUINI. Ambos son caso en la acusación contra 15 represores en este debate. La sobreviviente contó que con su marido trabajaban en una librería que tenían en calle Agüero de Morón. El 5 de abril de 1978 Luis se había quedado en el local con su hija mayor, mientras Nora llevaba a su hijo menor a casa de una señora que se lo cuidaba desde hacía poco tiempo. Cuando regresó al local encontró la puerta cerrada, alguien le abrió y la hizo pasar y encontró 6 o 7 personas de civil con armas largas que tenían maniatado a Tarquini y habían separado a su hija. Nora agarró a su hija paro fue apartada y  maniatada. Nora recuerda que el que dirigía el operativo era un represor joven de cabello rubio y tez blanca. Entonces la pareja fue sacada por separado en el piso de dos autos distintos. A Nora la hicieron decirles la dirección de su casa. Así hizo. Los llevó hasta la casa de Monseñor Solari en Morón, donde vivían con sus suegros, donde la madre de Tarquini presenció el operativo y donde tras diez minutos volvieron a salir con la pareja secuestrada en viaje de 15 minutos hasta la Brigada de San Justo. Al bajar a Nora la sacaron tabicada, la hicieron subir una escalera y la tiraron sola en una pequeña celda ciega. Allí uno de los guardias le ofreció agua o ir al baño. “En todo ese tiempo estuve esperando que me llevaran a la tortura, pero no ocurrió”, dijo la testigo. Así estuvo 5 o 6 días hasta que la llevaron a otra celda con 3 chicas a las que le dijeron que estaba en San Justo y que “eran del entorno de la militancia de mi marido y ya habían sido torturadas. No hablábamos mucho, estábamos todas bastante shockeadas, y a mí me venían a amenazar con llevarme a la parrilla”. Eran Olga Araujo, Amalia Marrón y Elisa Moreno, a quienes conocía Tarquini de las tareas sociales en el Complejo 17 de Ciudad Evita. Las tres sobrevivientes y las dos primeras ya dieron testimonio en este debate. En San Justo distintos represores pasaban a controlarlas, les traían una comida incomible y las hacían lavar ropa cuyo origen desconocían. En una ocasión la llevaron a un interrogatorio en una sala del primer piso, donde le preguntaron por su familia y si militaba, y especialmente por su apellido judío. En otra oportunidad pudo hablar brevemente con su esposo mientras éste iba al baño. Otra vez les dijeron que iba a visitar el lugar un alto jefe militar, entonces las tabicaron a las 4 detenidas, las sentaron alrededor de una mesa y vivieron la visita de un personaje que habló con las detenidas: ella le dijo que era madre y que tenía una librería y el represor le respondió con ironía “entre otras cosas”. De los represores recordó a “King Kong”, que tenía acento provinciano, “Rubio”, “Teta” y “Víbora”.
Así pasó Liberman 40 días en la Brigada, y un día le informan que habían liberado a su esposo, que era “un perejil” y que a ella la liberarían al día siguiente: “pensé que lo habían matado y que al día siguiente me tocaba a mí”, dijo la testigo. Sin embargo al otro día, 16 de mayo de 1978, la sacaron en un auto, tabicada, de noche y la dejaron en cerca de la avenida General Paz con dinero para el boleto de colectivo. Al llegar a casa de sus suegros éstos le dijeron que su esposo y sus hijos estaban en la casa de su cuñada. Cuando pudo verlos se enteró que su hija había sido dejada en un local comercial vecino y su hijo menor había sido retenido por la familia que lo cuidaba y sólo se lo entregaron a un amigo de su marido que era militar.
Cuando pudo hablar con su marido le contó que había sido llevado a San Justo, lo habían llevado a una celda aislado, lo golpearon, sufrió un simulacro de fusilamiento y lo torturaron con picana reiteradamente.
Al referirse a la vida que tuvo que llevar posterior a su liberación dijo que fue “una vida destrozada, porque realmente estábamos imposibilitados de salir de la casa de nuestro cuñado, o volver a nuestra casa, y como Luis era italiano, nacido en Roma, a través del Consulado nos dieron a mí y a mis hijos la ciudadanía en una semana, nos pagaron los pasajes y salimos a Italia.
Para finalizar la testigo se refirió a los genocidas imputados en el juicio al decir “Durante muchos años me he preguntado en qué estadio de la evolución humana estuvo la gente que nos hizo lo que nos hicieron, cómo fueron capaces de torturar a tanta gente, de separarlos de sus familias, y qué les prometieron. Si les prometieron impunidad y poder sobre la vida. Vida que es sagrada y que ellos nunca respetaron. Y como sé que no están presentes quisiera saber si tienen hijos qué le contaron a sus hijos, si sus hijos saben o no lo que han hecho. Quiero que esto sirva para mis hijos y los hijos de mis hijos, para que sepan reconocer las injusticias, y luchar contra ellas. Para que esto no se vuelva a repetir. Para que la sangre derramada de la gente que han asesinado sirva para que las nuevas generaciones sepan hacer una Argentina grande, porque el arma más fuerte que hay es la Verdad. Agradezco esta oportunidad a todas las organizaciones de Derechos Humanos. Y mi gran pesar es que mi marido no llegó. Le puse voz también a Luis Tarquini, porque su corazón quedó muy destrozado y se perdió esta oportunidad que yo recogí”.


A continuación se escuchó el testimonio de CIRILA BENITEZ, sobreviviente de 5 Centros Clandestinos de Detención que testimonió en este debate por los casos de sus esposo Aureliano Araujo, y varios familiares más, todos ellos secuestrados y llevados a la Brigada de San justo.
En la década del ’70 Cirila fue referente barrial del Complejo habitacional 17 de Ciudad Evita, y como tal electa presidenta de la Comisión de madres de la Junta Vecinal del Complejo. Junto a su esposo Aureliano Araujo fueron los principales impulsores de esa experiencia de organización barrial en La Matanza que fue especialmente perseguida por el Terrorismo de Estado de la última dictadura.
La testigo relató que el mismísimo 24 de marzo de 1976 llegó un operativo a su casa del complejo como a la 1 de la mañana. Un grupo de hombres de civil y armados entró violentamente a su casa, revisaron todo y preguntaron por su esposo. Entonces le dijeron que la iban a llevar por “averiguación de antecedentes”. La tabicaron y le ataron las manos, junto a sus cuñadas Olga y Teresa Araujo y un muchacho del barrio. Los pusieron en una camioneta y tras un viaje muy corto las llevaron al Regimiento 3 de La Tablada, ubicado en frente al complejo. Allí fue alojada sola, estuvo varias horas y fue torturada e interrogada sobre los nombres de los referentes del barrio. Luego fueron llevados las 4 personas al CCD “Puente 12”, en Autopista Ricchieri y Ruta 4. En este lugar, al que identificó porque se lo dijeron otros detenidos y donde estuvo siempre tabicada, la amenazaron de asesinarla o hacerle daño a sus hijos de 3, 5 y 8 años si no hablaba, en lo que la sobreviviente definió como “una tortura psicológica”. Tras varios días en Puente 12 fue llevada sola a lo que ella cree era la Sub comisaría de Laferrere, donde continuó siendo violentada psicológicamente. Tras esto fue pasada al “Pozo de Banfield” y alojada sola, la interrogaron sobre sus relaciones sociales y políticas. Después la llevaron a la Comisaría de Monte Grande, donde compartió celda con tres jóvenes a los que desconocía y donde continuó el “verdugueo”. Finalmente la pusieron a disposición del Poder Ejecutivo y la alojaron en la cárcel de Olmos. Después la llevaron a la cárcel de Devoto, a Coordinación Federal, a la cárcel de Ezeiza y la liberaron en 1978 con su salida del país a Holanda.
Cirila contó que la tarea social que desarrollaba en el Complejo 17 se basaba en la creación de una Junta Vecinal, que presidía su esposo, y la instalación de una sala sanitaria desde la que ella coordinaba la vacunación de los niños con la colaboración de los médicos Norberto Liwski, Francisco García Fernández Jorge Heuman, Raúl Petruch y otros.
Ya instalada en Holanda se enteró que sus hijos estaban con su hermana y la anoticiaron del secuestro de su esposo Aureliano Araujo y su concuñado Abel De León, ocurrido el 8 de abril de 1978. Posteriormente logró que le enviaran a sus hijos a Holanda. Desde el exterior tomó conocimiento de la misa que se realizó en marzo del ’78 en la catedral de San justo para pedir por su liberación y contra su expulsión de país. En esa instancia fueron detenidos nuevamente sus familiares Teresa y Olga Araujo, el primo de Olga, Estanislao Araujo, el esposo de y otra decena de militantes y colaboradores del barrio que fueron todos llevados a la Brigada de San Justo.
Como se sabe se encuentra agregado a la causa un informe con base en material de la Dirección de Inteligencia de la bonaerense (DIPPBA) que detalla que la Delegación de Inteligencia n° 1 de Morón-San Justo venía haciendo tareas de inteligencia sobre Cirila y otras personas activistas del barrio por lo menos desde enero de 1976. Allí los represores realizaban una semblanza completa de Cirila y la sindicaban como organizadora de la ocupación en el barrio y como militante del PCR. En base a ese informe se desató luego la cacería.


El testimonio final de la jornada fue el de ELDA RODRÍGUEZ, hermana de Enrique Ricardo “Pluma” Rodríguez, militante de la UES zona oeste desaparecido el 16 de septiembre de 1977 tras ser secuestrado de la casa de sus padres, Juan ventura Rodríguez y Epifania Ramírez, quienes fueron asesinados en el operativo.
La testigo relató que vivía en Ruta 3 Km 30 y esa semana su madre la había visitado porque ella estaba con paperas. Luego su madre volvió a su casa de la calle 4 de septiembre al 2.400 en Hurlingham diciendo que volvería temprano al otro día. Al no regresar, Elda se preocupó, pero tuvo que quedarse con sus hijos de 4 años y 10 meses. Sí la visitaron su hermana, su cuñada y su hermano más grande. Finalmente el padre de sus hijos le comentó que había habido un operativo en casa de sus padres. “Ahí empezó la nada para mi vida”, dijo Elda “no sabía bien lo que había pasado y después supimos por dichos de vecinos que se comunicaron”. Dijo que a través de un primo que estaba activo en la Fuerza Aérea en Chamical pudieron conocer detalles del hecho y que los cuerpos de los padres estaban en la Comisaría de Hurlingham. Cuando fueron a esa dependencia les dijeron que los cuerpos habían sido llevados al cementerio de Morón. Pese a moverse con rapidez, en el cementerio descubrieron que ya estaban enterrados como NN.
Por diversos relatos de vecinos y las averiguaciones de su primo pudieron saber que en el operativo actuó una patota con un camión en la puerta, que sacaron a sus padres violentamente a la mitad de la calle y los alternaban sacándolos e ingresándolos a la casa de a uno. Su madre gritaba que no les hicieran nada y un vecino que quiso interceder fue amenazado por los represores. Finalmente los entraron y los asesinaron a tiros en la cocina.
Cuando los genocidas se retiraron un vecino y amigo del padre ingresó a la casa y vio que habían sido rematados con un tiro de gracia cada uno.
También supo que su hermano Enrique “Pluma” Rodríguez estaba en la casa con su compañero Ricardo “Polenta” Pérez. Ambos tenían 20 años, militaban en la UES y al ver el operativo quisieron escapar por los fondos, pero fueron secuestrados. “Pluma” realizaba tareas sociales en la zona, entre ellas teatro barrial con Alejandro “Indio” Aibar, también militante de la UES, secuestrado y desaparecido cuatro días después que “Pluma” y “Polenta”.
El episodio ocurrido en la casa de los Rodríguez fue relatado en 2015 ante el tribunal Oral de San Martín en la causa caratulada “Barberis, Marcelo Eduardo y otros” conocida como Mansión Seré. Allí el soldado Witold Jorge Nowakowski que “a fines del año 1977 o principios de 1978 un “hecho de violencia” lo impresionó de sobremanera, ocurrió en un domicilio ubicado en la localidad de William Morris, partido de Hurlingham, donde funcionaba una fábrica de guantes. En aquel operativo, observó cuero cabelludo con huesos, masa encefálica y manchas de sangre sobre una pared. No vio cadáveres. Es una imagen que nunca se me borró (…) para mí fue un saqueo tipo botín de guerra”. Agregó que “Había asistido con el objeto de ‘asegurar la zona’ mientras detenían gente pero en lugar de ello se llevaron todo lo que había en el lugar y lo depositaron en unos hangares." En la misma causa el personal civil de la I° Brigada Aérea de “El Palomar”, Francisco Luis Ventosa, dijo que “en la Base estaba el Grupo de Tareas 100, el cual era un grupo dedicado a operativos o la lucha contra la subversión,” y que “cerca de un hangar había como un depósito de diversas cosas, heladeras, electrodomésticos y recordó una oportunidad en la que aparecieron gran cantidad de guantes de cuero”.
Elda contó que su padre tenía un taller de guantes finos en su casa y que tras el operativo los genocidas vinieron con un camión se robaron las máquinas, los cueros y todos los elementos del taller más las cosas de la casa. La noche anterior habían ido a buscar a su casa de Hurlingham a Jorge Antonio Catanese, que trabajaba con su padre y era militante de Montoneros. Catanese fue visto por los carpinteros de apellido Moreno, secuestrados en la Brigada de San Justo la segunda quincena de septiembre del ‘77, y continúa desaparecido. 
Elda aseguró que en los homenajes que se realizaron a su hermano y sus padres, conoció a la sobreviviente Adriana Martín, quien le contó que había estado detenida con su hermano en la Brigada de San justo. Adriana contó en la 4ta audiencia de este debate que compartió cautiverio en San justo con  muchos de sus compañeros de la UES zona oeste, entre ellos “Pluma” Rodríguez” y “Polenta” Pérez, y que presenció un episodio de fines de diciembre de 1977donde  todos los integrantes del grupo fueron sacados tabicados en varios vehículos y fusilados con diversos disparos. Los 9 militantes de la UES zona oeste continúan desaparecidos y sus cuerpos nunca fueron hallados.
La hermana de “Pluma” Rodríguez dijo que tras los hechos de secuestro de su hermano y asesinato de sus padres sufrió la vigilancia de un camión militar en su casa y sus hermanos que vivían en Capital Federal también fueron vigilados.
La testigo señaló que si bien sus padres no eran militantes “eran seres muy especiales, siempre estaban para sus hijos cuando los necesitaban. No tenían armas, ni un matagatos. Por eso supe que si pasaba algo los iban a matar como conejos. Eran padres de todos los pibes del barrio. Nos criaron con conciencia social y, si bien no éramos gente de dinero, siempre estaban pensando en los demás. No puedo entender como los mataron así”. Dijo que durante mucho tiempo fue todos los días al cementerio para tratar de regularizar la situación de sus padres, que continuaban inhumados como NN. Los registros falsearon  lo sucedido diciendo que los habían encontrado muertos en la esquina de la casa en ropa de cama, con múltiples heridas de bala y que habían sido víctimas de un robo. Además cuando pudo levantar los restos determinó que habían sido inhumados un arriba del otro y tuvo que dejarlos en depósito y esperar mucho tiempo una urna doble que desde el cementerio siempre le negaban. Hasta que cierto día, en el año ’80 u ’81, le informaron que el depósito había sido vaciado y los restos incinerados en un foso común. “por eso vine hoy acá, para tratar de cerrar un círculo. Ellos no eran NN, tenían  nombre y apellido. Eran gente humilde que la luchaba y criaron a sus hijos con valores”, finalizó Elda.


Antes de finalizar la audiencia las abogadas del espacio JUSTICIA YA LA PLATA, Luz Santos Morón y Pía Garralda, realizaron un planteo al tribunal sobre la situación de la domiciliaria del genocida Leopoldo Luis Baume imputado por 52 casos en esta causa, ya que se supo que se estuvo paseando libremente de La Plata a Caba en  el  marco del juicio de lesa  humanidad por el CCD “Sheraton”, que funcionó la Subcomisaría de Villa Insuperable, La Matanza, y donde recientemente  fue condenado con ejecución en suspenso. Las abogadas recalcaron que el reo está con domiciliaria y “no ha sido excarcelado”. Describieron que “El día 25 de marzo se dio  a conocer el veredicto en Comodoro Py y  Baume fue con su esposa, estuvo entre víctimas y familiares al momento de las acreditaciones y hasta estuvo  esperando en el buffet a que comenzara la audiencia. De la lectura del veredicto participaron víctimas, familiares, y  organismos de derechos humanos. A Leopoldo Luis  Baume se lo condenó a 8 años de prisión por delitos de lesa humanidad, por la privación ilegal de la libertad de Pablo Bernardo Szir, Julia Sarmiento, Luis Salvador Mercadal, María Cristina Ferrario y Delia Bisutti, y por torturas en los dos últimos casos. Sin embargo al finalizar, como si nada hubiera pasado y sin ningún tipo de custodia,  el reo Baume salió caminando junto a su esposa hacia la terminal de Retiro para esperar el colectivo, rumbo a la ciudad de La Plata. Allí lo reconocieron dos militantes de derechos humanos que  habían viajado para presenciar la sentencia”.  Las abogadas remarcaron que “es imprescindible comprender el riesgo que implica para víctimas y familiares pero también cómo puede afectarlos psicológica  y emocionalmente que pese a haber sido juzgado y en su caso condenado puedan encontrarse a un represor caminando libremente. La impunidad se percibe de diferentes formas, esta es una de ellas y además de afectar a víctimas y familiares también repercute en el conjunto de la sociedad. Esto va en clara contraposición a las obligaciones que ha asumido el Estado argentino en materia de derechos humanos de juzgar y castigar los delitos de lesa humanidad”. Tras esto pidieron que tanto el TOF platense como el de CABA informen las condiciones en las que se autorizó a trasladarse para el veredicto del 25 de marzo, que se realicen nuevos estudios médicos a  fin de determinar  el estado de salud del imputado y  se informe si dadas dichas circunstancias podría ser asistido intramuros, y finalmente que se refuerce las medidas de custodia y seguridad. Se insistió también con un planteo ya realizado por Justicia YA al inicio del debate,  como es que se revoque el beneficio del arresto domiciliario para este represor. La defensa de BAume alegó que el genocida se había apersonado al TOF1 de LA Plata para escuchar la sentencia de “Sheraton” y al ser solicitado por el TOF de CABA se dirigió personalmente hacia allá. El represor goza del beneficio de la domiciliaria en su casa de calle 49 Nº 867 1º A de La Plata, otorgada por el juez Arnaldo Corazza desde el mismo momento en que lo detuvo en la causa San Justo, en marzo de 2012. Vale con ello aclarar que 42 años después de los hechos nunca cumplió prisión efectiva por los delitos que cometió.

La próxima audiencia será el miércoles 24 de abril desde las 11 hs. Para presenciarla sólo se necesita concurrir a los Tribunales Federales de 8 y 50 con DNI.